Un temor justificado
Las aprensiones por lo que pueda pasar durante las vacaciones de Semana Santa parecen justificadas.
Especialmente porque en todas partes las reuniones multitudinarias dejan ver, no la inmunidad de rebaño, sino la exasperación frente al confinamiento y otras medidas preventivas.
Lo ocurrido en Miami Beach el fin de semana es aleccionador. De acuerdo con los reportes de prensa, una multitud fuera de control obligó a la imposición de restricciones de emergencia a la movilidad de las personas.
En Londres también. Allí se produjeron el fin de semana ruidosas demostraciones contra el confinamiento que se saldaron con decenas de detenciones y policías heridos.
La solución, se nos ha dicho, está cifrada en un extendido proceso de vacunación que ponga a las personas al resguardo de las peores consecuencias del coronavirus responsable del Covid-19, pero el nivel en el que se encuentran estos procesos, incluidas las naciones desarrolladas, impide que sus autoridades sean excesivamente tolerantes con las reuniones multitudinarias, el tumulto y el relajamiento de las prevenciones.
Ayer Chile, líder latinoamericano en el plan de vacunación, anunciaba el endurecimiento de las medidas sanitarias y el establecimiento de cuarentenas para comunidades con unos 13 millones de personas.
Con este cuadro, parecen justificadas las aprensiones, no solo de las autoridades, sino de toda persona sensata, ante las eventuales consecuencias del asueto de la Semana Santa si no se mantienen las recomendaciones del sistema de salud.
