Un sello de Benedicto XVI
El papa Benedicto XVI dejó ayer su pontificado para retirarse a la oración, agobiado por el cansancio y las enfermedades, según él mismo indicó el 11 de febrero, fecha en que anunció su inesperada decisión.
Los dominicanos, al igual que el resto del mundo, recibieron la noticia con gran asombro, pues hacía más de 600 años que no se producía una renuncia voluntaria de un pontificado, como la de ahora.
El papado de Benedicto XVI será recordado como la gestión de un gran pensador, un filósofo profundo, un extraordinario teólogo y un hombre de convicciones firmes, lo que hizo que se viera en el medio de grandes debates mundiales.
Desde el primer momento de su pontificado criticó el relativismo moral y ético.
Antes de entrar al cónclave que lo escogió Sumo Pontífice en 2005, el entonces cardenal Joseph Ratzinger denunciaba que el relativismo se estaba convirtiendo en una dictadura que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.
Hoy como nunca esas palabras tienen significación. Vivimos en una sociedad enferma en la que cada quien pareciera buscar sólo el bien individual, obviando el bien común.
A los dominicanos, ese mensaje que fue reiterado por Benedicto XVI, es tan actual que preocupa.
A veces pareciera que las ideas o las acciones son buenas o malas según las circunstancias.
El fin del pontificado de Benedicto XVI puede ser un punto de partida para reflexionar sobre la sociedad que queremos construir.
