Un rico pobre

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La presencia en el país de delegados de la MLB y la empresa WBC ha calentado un poco, no lo suficiente, la posibilidad de montar aquí una fase del Clásico Mundial de Béisbol.

Claro, me monto en la guagua ¿o el metro? de los que favorecen el proyecto, pero, lógicamente, con algunas reservas sobre sus implicaciones.

República Dominicana es el segundo país que más peloteros produce en el mundo, pero, quizás, es el que menos dinero genera de sus propias entrañas.

Los jugadores y algunos personajes del principal pasatiempo de los dominicanos son ricos, pero el béisbol, en su esencia, se comporta de manera muy pobre. Después de más de cincuenta años (1955) todavía sigue siendo el vapuleado estadio Quisqueya su primera instalación, útil, pero repleta de remiendos.

Nadie fuera de aquí se imagina que San Pedro de Macorís, hasta hace poco la principal ciudad productora de jugadores, sólo pueda exhibir como sede un destartalado Tetelo Vargas.

Montar el Clásico en el país conlleva una inversión económica cuantiosa que, lógicamente, la haría el Estado, sin importar el gobierno que sea, claro, con dineros del pueblo.

Nadie debe olvidar que para asistir al evento fuera de aquí hubo que hacer gastos millonarios, sin retorno, salvo un sobrante que la Liga devolvió en la primera ocasión.

Entonces, ¿quién garantiza que las boletas para asistir al Clásico llegarán al público a un precio acorde con la realidad adquisitiva de los dominicanos para llenar el play?

Las últimas series primaverales de liga grande y las más recientes Series del Caribe han sido ejemplos nada halagadores.

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