Un refrigerio espiritual
Al llegar a la ciudad samaritana de Sicar, Jesús tuvo un encuentro con una mujer junto a un pozo público.
Jesús comienza su conversación con la mujer samitana como le llama en la biblia (Juan 4:7), El había caminado un día entero, y está cansado y se sentó junto al pozo, la mujer comienza a saca agua del pozo, Jesús con toda naturalidad le dice: dame de beber, y ella se sorprende (porque un hombre no podía hablar en público con una mujer), se pone nerviosa y le dice: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, siendo yo una mujer samaritana?.
Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le hubieras pedido a él, y él te habría dado agua viva.
La mujer no entendió la respuesta del Señor, y comenzó a decir cosas sin sentido. Jesús le hablaba de la necesidad espiritual. Viendo que había captado el interés de la mujer va al punto de su conversación, Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer y le dijo: No tengo marido.
Le dijo Jesús: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que tienes ahora no es tu marido. Esto has dicho con verdad.
Jesús le revela a ella su condición de pecado, pues ella vivía en ese momento con un hombre que no era su marido, estaba practicando el adulterio.
Nadie puede revelar la vida de pecado que podamos tener, solamente con el poder sobrenatural de Jesús.
Nuestros pecados son revelados y si nos humillamos ante Él, creyendo, Él posibilita un refrigerio espiritual para el que quiera beber del agua, nunca más tendrá sed, sino que el agua que él da, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
leídas