Un problema de Estado
Un último hecho trágico hizo que el Presidente de la República reconociera la inseguridad ciudadana como uno de los problemas fundamentales del Estado; y al hacerlo pone el dedo sobre la llaga, ya que se trata de un reconocimiento público de la preocupante escalada que tiene la violencia en los últimos meses.
El reconocimiento que hace el Mandatario viene con una “esperanza” manifiesta, ya que tiene la confianza de que los autores del hecho, que culminó con la muerte de una joven comunicadora, reciban un castigo ejemplar.
Sin embargo, el Jefe del Estado, luego de dicho reconocimiento, no puede confiar que solo “con la ayuda de Dios” se podrá lograr que “la violencia sea desarraigada del país para que la paz y la armonía vuelvan a reinar en cada rincón de nuestro territorio”, tal como planteara en una carta de pésame y solidaridad que enviara a la familia de la occisa.
La acción del Presidente de la República debe llegar más lejos. El clima de descomposición y el resquebrajamiento de la paz ciudadana demandan que se vaya más lejos, que haya un mayor compromiso de combate contra el mal y la ola de criminalidad que crece de manera tan dramática. Esperamos una decisión más comprometida del Gobierno, ya que el Mandatario acaba de dar un paso importante al reconocer que en el país existe un arraigado y amenazador estado de violencia.
