Un policía escolar por cada 2 mil alumnos

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Santo Domingo.- Mientras la violencia y la delincuencia se expanden vertiginosamente en muchas escuelas públicas, la Dirección de Policía Escolar apenas cuenta con mil 20 agentes para una población de 2.2 millones estudiantes (promedio de 2,156, mil estudiantes por cada agentes).

La situación llega al extremo de que en algunas provincias, como La Vega, Puerto Plata y Baní, sólo cuentan con un agente.

Al déficit de agentes destinados a las escuelas se suma el dilema que representa para los maestros lidiar con alumnos “incontrolables”, ya que según la Ley 136-03 sobre los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, así como la Ley General de Educación, está prohibido expulsar los estudiantes de las escuelas o tomar medidas muy drásticas en su contra, salvo casos extremos o cuando ya es muy tarde.

Una policía para mil
Un ejemplo patético del poco control que pueden imponer los escasos agentes en los centros estudiantiles se refleja en la escuela Fray Ramón Pané, de Los Jardines, donde una mujer policía, desarmada, lucha por controlar una población de mil 102, desde kinder hasta octavo.

Tiene que limitarse a controlar el tránsito a la hora de la salida o vigilar para que los alumnos no salgan del plantel antes de tiempo. Muy poco o nada puede hacer cuando se arman pleitos entre estudiantes, y menos si es en la calle.

Los cursos tienen entre 40 y 50 estudiantes, muchos con problemas de conducta desde el hogar.

El déficit de agentes policiales es el mismo en casi todos los planteles de la Capital. En la escuela República de Paraguay hay una policía para un total de 460 estudiantes en la tanda de Básica en la mañana y Media en la tarde.

En la Socorro Sánchez hay un agente y 490 estudiantes. En la escuela Colombia hay dos policías para mil 490 estudiantes en las dos tandas.

Atados de pies y manos
El director regente de la Fray Ramón Pané narró el caso de tres estudiantes de entre 9 y 12 años que el año pasado le explotaron las cuatro gomas al automóvil de una profesora que les había llamado la atención. Cuando el Consejo de Disciplina decidió expulsarlos, él, siendo consecuente, logró que los trasladaran a la escuela Costa Rica.

Sin embargo, uno de los padres lo denunció ante la Secretaría de Educación.

Al final, quien recibió la amonestación fue él, y le obligaron a ir a un taller sobre la Ley de Protección al Menor. “Estamos expuestos a que nos sancionen y optamos entonces por enviarlos al Departamento de Psicología, pero llegan igualitos”, se lamentó el educador.

Esa misma queja fue externada por los directores de las escuelas Haití, Capotillo y otros centros de la zona norte de Santo Domingo.

Me quiero ir de la Policía
“Pedro”, nombre ficticio, decidió engancharse a la Policía con la ilusión de combatir la delincuencia.

Cuando le informaron que formaría parte de la Policía Escolar sintió una gran alegría, “al menos aquí estaré en un ambiente decente”.

Un año más tarde dice sentirse frustrado por la falta de apoyo. “Yo me quiero salir de esto”, dijo. No sólo por la poca inversión del Gobierno, sino porque se sienten con las manos atadas frente a los estudiantes que se portan mal, porque pueden ser sancionados si algún alumno los reporta.

Otros agentes dijeron que es imposible controlar a los jóvenes, sobre todo los adolescentes, porque además de que ellos no son suficientes, no tienen respaldo de sus superiores y por eso se limitan a “hacer lo que se pueda” y a “ganarse el moro tranquilos”.

Perfil del agresor

Según los especialistas de la conducta, este tiene una personalidad agresiva y fuerte impulsividad.

Además, tiene poco control de la ira y falta de empatía. Se considera un ser superior.

Autosuficiente, así se considera el agresor, es hiperactivo, tiene déficit en habilidades sociales y resolución de conflictos, y casi siempre es más fuerte.

Perfil de la víctima

Personalidad insegura, baja autoestima, alto nivel de ansiedad, débil e introvertido.

Inmaduro para su edad, lo cual es aprovechado por otros alumnos que lo ven como vulnerable.

“La seguridad no está en las verjas perimetrales”


La subsecretaria de Educación y encargada de Participación Comunitaria y Descentralización, Guadalupe Valdez, atribuye la violencia escolar a múltiples factores, porque la formación y construcción en valores de la juventud es precaria.

Relaciona el fenómeno con los niveles de pobreza de la población.
“A mayores niveles de pobreza, mayores niveles de violencia y de delincuencia”, afirmó Valdez.

Manifestó que los casos de drogas, alcohol y violencia que existen en las escuelas son atendidos por la dirección del centro, y que son tratados por psicólogos, que no sólo analizan a los niños, sino también a los padres.

Sostuvo que a pesar de que la Policía Escolar juega un rol importante en los centros educativos, la seguridad de las escuelas no está en las verjas perimetrales, sino en que las organizaciones sociales (padres, maestros y autoridades) se integren a la vida educativa.

Mientras que la ex presidente de la Asociación Dominicana de Profesores, María Teresa Cabrera, manifestó que no sólo la descomposición familiar afecta a los adolescentes que cometen actos violentos en las escuelas, sino también la gran corrupción, el narcotráfico y la impunidad que está azotando al país.

“La poca inversión del Gobierno en el sector educación aumenta la violencia escolar y en las áreas sociales en general y tiene repercusión, aunque no se vea de manera directa, pero indirectamente sí genera violencia, porque cuando se margina a un ser que tiene derecho a tener educación este es el resultado”, dijo.

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