Martes, 22 de octubre, 2019 | 2:03 am

Un poco tarde, pero a tiempo



Pareciera que es un tema intrascendente, pero su componente social activa el morbo y lo ha mantenido latente durante todo el fin de semana, convirtiéndose en tendencia y en motivo de análisis -en broma y en serio- fuera de los espacios deportivos.

Extraña que ahora se dieran cuenta de lo que estaba pasando con las bailarinas en los estadios. El 12 de noviembre del año 2008 escribí lo siguiente por aquí mismo.

Cito, “El béisbol es el deporte de la familia y por ello convergen en los estadios, fanáticos de todas las edades y de uno y otro sexo.

Hay muchos niños -hembras y varones- que siguen el béisbol y que asisten al play de manera regular con sus padres y resulta penoso ver a las bailarinas de los equipos de la capital en una franca competencia de movimientos pélvicos cuan si estuvieran en otro lugar, al punto de que algunas, ante la poca tela que exhiben en sus atuendos, dejan ver parte de sus glúteos”, termina la cita.

En ese entonces las “aguichicas” eran colegialas que lucían ingenuas, apenas sabían bailar, pero con el tiempo se contrataron experimentadas bailarinas, muchas extranjeras, como esa que provocó el revuelo con un baile propio del “tubo” de un bar nocturno.

A la directiva de los Toros no les gusta ese recurso y las Estrellas y los Gigantes lo utilizan de manera intermitente.

La sola belleza femenina es un aliciente visual en un escenario dominado por los hombres, pero no es un atractivo que se refleje en el aumento de la asistencia a los estadios. ¡A ver a ver a moderar la cintura! ¡Nos pechamos!

Renaldo Bodden

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