Un poco de sal y arena

Un poco de sal y arena

Roberto Marcallé Abreu

A veces, cuando la tragedia toca las puertas, y más en las cercanías de una celebración como la del “Día del padre”, uno piensa en los últimos dos años que hemos vivido y se confiesa a sí mismo que es necesario no dejarse vencer ni arrastrar por las circunstancias cuando éstas resultan adversas.

Temprano, encuentro un grato mensaje de doña Dulce Richetti y sus palabras son amables, estimulantes. Yolanda y Eliam procuran sorprenderme con dos regalos que aún no he desenvuelto.

El amigo Pedro Manuel Germosén López me envía sus “congratulaciones” y en su significativo mensaje incluye a todos aquellos que son progenitores: “los papás, hermanos, tíos, abuelos, primos, cuñados, compadres, amigos y conocidos”. Leo, conmovido, el mensaje de Daniel Contreras. Agradezco sinceramente que tantas personas me hayan tenido presente.

Solo que me resulta complicado y despierta mi angustia undesconcertante evento que se produjo en Higüey este sábado: seis personas fueron muertas a balazos. Ana Jiménez Cruceta, vocera de la Policía, dijo que entre las víctimas “está el hombre que hizo los disparos”. La tragedia ocurrió cuando el agresor llegó a la casa “y encontró a su pareja hablando con alguien”.

“Le disparó a ella, disparó a otras dos personas, salió y le disparó a una vecina” se consigna en el periódico “NDigital”. Un ciudadano que se identifica como Hamlet Melo, manifiesta su pesar y se refiere “al luto que sobrecoge a la comunidad”.
Menciona a título de recordatorio, las palabras “amor, comprensión, perdón, violencia” y pide “que Dios conceda eterno descanso a las víctimas y consuelo a sus familiares”.
Es un acontecimiento triste para tratarlo un día festivo.

Solo que la verdad inocultable es que los difíciles tiempos que hemos vivido tras la pandemia, han provocado graves trastornos en nuestra manera de ser. El encierro obligado, las necesidades insatisfechas, la incertidumbre, la pérdida masiva de empleos, la quiebra de miles de negocios y esa oscura y tenebrosa presencia del virus han dejado tras de sí una secuela nociva. No somos los únicos, porque cambios similares y hasta de mayor envergadura se han producido en todas partes.

Sí resulta imperativo esforzarnos por ser optimistas, sobreponernos a la tragedia y recuperarnos hasta donde nos lo permitan nuestras capacidades. Al decir de los expertos, debemos habituarnos a la presencia de una amenaza que, sencillamente, no va a desaparecer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de declarar el Covi-19 Una “enfermedad que será parte de nuestro día a día”.

No obstante, estimula escuchar que las inversiones netas que va a recibir el país ascienden a tres mil millones de dólares, se eleva sustancialmente el número de vacunados y la normalización en ciudades y provincias, se incrementa el turismo, se ejecuta un significativo esfuerzo en recuperar el medio ambiente, es excelente el desempeño de las zonas francas, la industria y el comercio y son notables los esfuerzos que se realizan desde la Cancillería para el aprovechamiento de las oportunidades de recuperación económica del sector externo.

Solo el trabajo incansable y una actitud positiva y sin desmayos nos permitirá dar el salto hacia el logro de metas de progreso, paz y convivencia a que aspira y necesita la República Dominicana.



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Roberto Marcallé Abreu

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