Un país en escombros

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Roberto Marcallé Abreu

Años atrás, cuando me agobiaba el sufrimiento por el devastador deterioro espiritual que apreciaba en nuestro amado país, escribí un extenso libro de poemas que titulé “Ciudad de escombros”.

Un ejercicio muy amargo. Ni la amable insistencia de las poetas Yolanda Hernández y Doris Melo me hicieron publicarlo. Ahora, con la muerte del poeta y amigo Alexis Gómez retornan a mi mente esos versos…

Cuán abatida y devastada te presiento ciudad insomne/has perdido todas las batallas. Tus ruinas se esparcen por doquier como un cadáver abandonado/te devora la noche y asomas amedrentada en las primigenias horas del alba/con un infecundo aire de cansancio y extenuación/llegan a tu memoria como en un desfile de pueblo /rutinas patéticas y conductas infamantes /pasos vacilantes de ebrios y putas/rostros absurdos despojados de itinerarios/risas apagadas, gestos sombríos/miradas cruentas y voluntades misteriosas/presiento, desolado, que han secuestrado tu espíritu/apenas te ha sobrevivido un montón de despojos/tu reinado ha llegado a puerto/un camposanto de almas anónimas sin redención posible…

Ahora, nos cubrimos los ojos con una venda oscura en esta Navidad inútil que hace mucho dejó de ser lo que fue. Ya no somos aquellos, estos cambios transformaron para mal nuestros cuerpos y nuestras almas…

Con la máscara sobre el rostro nos hacemos a la idea de que en verdad habitamos en esta ciudad. No es una ciudad, son muros impenetrables y misteriosos donde se escamotean poderes y prácticas repugnantes, riquezas tan estremecedoras como nefastas y a este concierto de brujería inexplicablemente llamamos “progreso”.

Mentira. Falso de toda falsedad. El verdadero rostro, el que miramos sin ver, es el de un capo tosco y brutal cuyos dominios se prolongaron por dos décadas al amparo de un poder que se lucraba y favorecía de lo clandestino y lo ominoso, del dinero por montones, del abuso y la violencia.

Esa es nuestra verdad. Somos … “uno de los países más corruptos” del horizonte, de acuerdo con el juicio de Transparencia Internacional. Un país sometido a un grosero proceso de disolución, donde personajes conocidos y arrogantes, armados de perversos programas geopolíticos y sumas innombrables de dinero, celebran sus aquelarres obscenos, regodeándose a carcajadas de sus propósitos diabólicos, burlándose de nuestros símbolos y colores patrios, de la sangre derramada por héroes y mártires, y afilando los machetes con los que sueñan repetir en toda la isla el degüello de Moca.

Lo dice el poema: Somos una sombra. Apariencia y horror. Entre inescrupulosos sobornos, drogas y alcohol barato se arma una “fiesta democrática” electoral que terminará por descubrirse en lo que es en verdad: un mortuorio.

¿Por eso asistimos a la conferencia del medio ambiente? Por hipocresía. Por cinismo. No hablamos del carbón de Punta Catalina ni de que ayer mismo los haitianos quemaron 20 mil tareas de bosques en Santiago Rodríguez.

Los enfrentamientos por la apropiación y despojo de la madera olorosa de guaconejo se incrementan y es mucho mayor el carbón extraído de los bosques dominicanos que se vende en Europa, Estados Unidos y Canadá.

El Colegio de Ingenieros afirma, escandalizado, que “se han secado más de 500 ríos y arroyos en República Dominicana” en los últimos años a causa de la deforestación y el uso descontrolado de materiales para la construcción.

“República Dominicana ocupa otra vez el último puesto en el informe sobre las condiciones de la educación de PISA”.

Se incrementa el comercio de drogas, los crímenes contra mujeres, los asaltos y asesinatos en las calles, los suicidios, los accidentes, crece la deuda externa. No es una ciudad en escombros… Es todo un país.

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