Un método desacreditado
Después que se produjo la caída del régimen de Trujillo, las protestas en la República Dominicana se han hecho tan comunes que hoy día la población luce hastiada de ellas.
Parecería que se trazó un plan maestro para desacreditar ese tipo de lucha.
La popularización de cualquier actividad, incluso de los reclamos de masas mal conducidos, dan como resultado el descrédito.
Han sido miles los movimientos y líderes que por sus constantes exposiciones y llamados a protestas se han esfumado.
En el país se da como un hecho cierto que la mejor forma de desacreditar un pedido de los diferentes sectores es manteniendo y propiciando protestas, las que al poco tiempo caen en el olvido, al vencerse por cansancio.
Todo esto lo traigo a colación porque después de un buen tiempo de efectuar denuncias de todo tipo sobre la destrucción que viene sufriendo del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte ya se dice muy poco al respecto, a pesar de que no se han detenido las causas que les dieron origen a las mismas.
Y eso se veía venir, debido a que muchos de los que en un momento se unieron por la fuerte presión de la opinión pública para que se detuviera esa barbaridad hoy volvieron a esconder la cabeza, y es muy difícil que la vuelvan a sacar, porque han sido promotores de muchas de las atrocidades que se han originado allí.
El caso del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte tiene todos los visos de ser otro capítulo de los tantos que han terminado en fracasos rotundos.