Un Medidor para la Democracia

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Si quieres saber qué tan democrática es la República Dominicana. Si todavía tienes dudas de la realidad y te crees los cuentos de "Estado de Derecho". Si vives en la isla artificial y todavía no despiertas. Si aún te crees los cuentos de las noticias y los libros de textos integrados. Si crees en esa Constitución de papel. Si no estás seguro de que tan democrático somos… atrévete a crear un sindicato en tu lugar de trabajo.

Así es, la libertad sindical, una conquista de los trabajadores del mundo entero que costó miles de muertos y ríos de sangre a la humanidad y que está consagrada en La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que contiene en su artículo 23.4 el derecho de toda persona a fundar sindicatos y sindicarse para la defensa de sus intereses, no se cumple en República Dominicana.

Un derecho social y económico conquistado por los trabajadores (Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo), que se impuso en el país aún en la férrea dictadura de Trujillo (recordemos a Mauricio Báez) y que ha sido constitucionalizado (Artículo 62.- Derecho al trabajo, establece que “Son derechos básicos de trabajadores y trabajadoras, entre otros: la libertad sindical…” y que “La organización sindical es libre y democrática”) , y ratificado por el Congreso Nacional en múltiples convenios internacionales, no se aplica, no se ejerce y no existe en la República Dominicana.

En vez de eso, existen algunos pocos gremios de profesionales independientes (ADP, CMD, CODIA), que lejos de luchar por los derechos laborales de los trabajadores, se preocupan por defender sus intereses sectoriales, lo que no es malo, pero es insuficiente.

También existen sindicatos empresariales, algo así como asociaciones que luchan a lo interno de sus empresas. Lo que prima son los sindicatos amarillos, aquellos que bien se han de llevar con las empresas que lo prohíjan.

Pero sobretodo, lucen las centrales sindicales fantasmagóricas que asumen la supuesta representación de los trabajadores dominicanos, sin ninguna legitimidad ni numérica ni legal. Así están la CGT, la CASC, la CTU, la CNTD y el CNUS. …

Mientras todo eso ocurre, los trabajadores están desprotegidos. No existen sindicatos reales en la agricultura, en el comercio, en las zonas francas, en el turismo, en las telecomunicaciones. Millones de trabajadores de todas las áreas, se enfrentan a los caprichos y los mejores "pareceres" de sus jefes, que pueden violar las leyes laborales sin ningún tipo de límite.

La libertad sindical, la existencia de sindicatos fuertes, permite el establecimiento de un contrapeso al poder económico y garantiza mejores condiciones no sólo laborales, sino también democráticas.

Si existiesen reales y representativos sindicatos, el Consejo Nacional de la Seguridad Social, que administra el presente de Salud y el futuro de todos nosotros, no estaría en manos de un conjunto de empresas intermediarias (administradoras de riesgos) y cuatro bancos, que manejan a su beneficio el dinero de la pensión de los 9 millones de dominicanos y de los que están por venir.

Si aquí hubiera sindicatos, no se hubiesen repartido los RD$10,000 millones de las Administradora de Riesgos Laborales (ARL) entre los empresarios y el Gobierno, jugando alegremente con los fondos descontados a los trabajadores dominicanos.

Si hubiese sindicatos fuertes, quizás la mayor parte de ese 88% de los trabajadores/as que no gana lo suficiente (gana menos de RD$25 mil) para acceder a la canasta familiar promedio y vivir dignamente, tuviera organizaciones que lo defendiese y la brecha social en el país fuera menor.

Quizás, si existiese libertad sindical, hubiese menos pobres, menos mortalidad infantil, menos hambre, pero también, menos corrupción, menos delincuencia, menos sicariato.

Los sindicatos, si cumplen su función real, no sólo sirven para defender los derechos de los trabajadores, son instrumentos integrales para la formación y especialización de los trabajadores, y si se desarrollan, se convierten en verdaderos interlocutores sociales con los poderes fácticos y el Gobierno.

Los países europeos, donde por tradición los sindicatos son fuertes, regularmente cuentan con regímenes sociales más garantistas.

Y usted se preguntará, ¿Por qué en RD no existen los sindicatos, si éstos son permitidos por la ley? Precisamente porque aquí las leyes son letra muerta. Porque no hay autoridad que sirva para cumplirla. Si usted, amigo lector, se aventura a formar o al menos a mencionar la palabra sindicato en una empresa cualquiera, en menos que canta un gallo está cancela’o con los pies en la polvorosa. Y si por mano de Dios usted logra fundarlo, entonces todas las empresas similares se unen para defender la "hermana amenazada" de la misma forma como se unieron los reyes de Prusia, Austria y Rusia, contra la naciente revolución francesa.

Aquí no hay sindicatos porque no hay Estado de Derecho, porque no hay democracia, o más bien, porque no hay Gobierno, en el sentido correcto de la palabra. Las tres cosas están pendientes.

Todo eso, en el marco de la convocatoria a un Foro Nacional sobre la Seguridad Social, donde se pasará balance a sistema fallido que tenemos, en manos de tres o cuatro empresas, haciendo negocios con la débil salud del pueblo dominicano.

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El Día

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