Un hecho aislado
Los destrozos provocados en la Basílica de Higüey por un joven con trastornos sicológicos o conductuales debe verse como un simple incidente aislado.
Afortunadamente en la sociedad dominicana no se vislumbra ni un sólo signo de violencia o intolerancia religiosa que amerite preocupación especial.
En sentido general tenemos líderes religiosos respetuosos y que asumen la libertad de culto entronizada en la República Dominicana.
Este incidente pudiera servir para que se tenga en cuenta cómo se transmiten las doctrinas de las religiones, pues existe la posibilidad de que mentes débiles las malinterpreten y comentan actos propios de fanatismo patológico.
La Basílica de Higüey, al igual que la Catedral de Santo Domingo, más que un templo religioso es un monumento nacional, y como tal hay que cuidarlo.
Por lo tanto, más que sobredimensionar la actuación del joven, el incidente debe llamar la atención sobre las fallas en las medidas de seguridad en torno a ese monumento.
Si el protagonista de ese incidente padece de trastornos mentales, hay que tratarlo como un paciente, y si está en capacidad mental, pues entonces que se trate como un hecho de vandalismo, pero no más de ahí.
No provoquemos temores con amenazas inexistentes.
