Un grave problema social

El joven por naturaleza es un ente activo y dinámico, cuyas energías la sociedad debe canalizar por las sendas del bien.

Con frecuencia se afirma que los jóvenes son el mañana de la nación y con eso se olvida que hay que atenderlos en el presente.

Cuando las inquietudes de ese segmento de la población, el más enérgico, no encuentran terreno fértil en el bien, suelen desviarse y terminan en el mal.

Resultan preocupantes las estadísticas de que el desempleo entre los jóvenes duplica el promedio nacional y resulta aún más penoso que ese no sea un tema de debate en la actual campaña electoral.

La falta de oportunidades para satisfacer sus necesidades con el bien hacer le abre la puerta a la delincuencia en ese segmento poblacional.

Con esas estadísticas no debe extrañar que cada vez más jóvenes se dediquen a delinquir, pues en ocasiones pareciera que es el único camino que les deja la sociedad.

Lógicamente, difícilmente cuando hay sólida formación familiar se utilice el pretexto de la falta de oportunidad para desviar el camino, pero la realidad es que en nuestros tiempos también la familia se ha debilitado.

Con frecuencia los recién graduados, hasta con diferentes niveles de postgrado, tienen que sufrir la decepción de que no reciben las oportunidades de empleos en los cuales desarrollar sus potencialidades.

Urgen programas tendentes a eliminar esa marginación a los jóvenes y que puedan acceder a empleos dignos y bien remunerados.