Un Estado paralelo
C uando desde las esferas gubernamentales se escucha decir que en la República Dominicana la presión tributaria es baja en comparación con otros países de la región, sin duda que a la clase media debe darle ganas de reír para no llorar o lanzarse a las calles a manifestar su indignación.
La irresponsabilidad de los gobiernos democráticos que nos hemos gastado ha contribuido a que el sistema de transporte público sea simplemente un desorden.
Ante esa situación las familias que pueden hacerlo tienen que optar por buscar soluciones particulares.
En otras naciones con mayor presión tributaria formal que la nuestra el transporte no representa una carga tan alta, pues la colectivización y eficiencia del sistema público permite reducir los gastos por este concepto.
Se ha hecho una monumental inversión en la construcción de un sistema de Metro, que apenas va por una primera línea.
Sin embargo, nada se ha invertido para las denominadas líneas alimentadoras servidas por autobuses, mientras que hay algunas cabezas oficiales pensando otra vez en darles facilidades a los sindicatos corresponsables del desorden actual.
La clase media también tiene que buscar soluciones individuales frente a las deficiencias de un servicio eléctrico, pues aunque es el único sector que paga indefectiblemente el servicio, tiene que padecer de los largos y prolongados apagones.
Algo parecido ocurre con la educación. La pésima calidad de la escuela pública no le deja más alternativa a la clase media que pagar colegio. Eso no se refleja en la presión tributaria.
La garantía de una agua potable sólo se obtiene instalando filtros en la casa o comprando agua embotellada. Pero para tener la certeza de servicio estable implica también la construcción de una cisterna o la instalación de un tinaco. Eso no se refleja en la presión tributaria.
Ahora, a la presión soterrada también hay que incluirle la seguridad privada.
Si se sincerara, la presión fiscal real de la clase media dominicana estaría entre las más altas del mundo.
leídas