En la era digital, el doctorado ha dejado de ser un título reservado a la academia para convertirse en una herramienta clave de liderazgo, innovación y toma de decisiones basadas en evidencia.
Según la OCDE, los profesionales con doctorado pueden incrementar sus ingresos entre un 42 % y 90 % a lo largo de su vida laboral, reflejando su creciente valor en el mercado.
Más allá del beneficio individual, el impacto del doctorado se extiende a las organizaciones y a los países. Universidades mejor posicionadas a nivel internacional cuentan con una mayor proporción de docentes con doctorado, lo que se traduce en mayor calidad académica e innovación.
En el sector público, esta formación fortalece la capacidad de diseñar políticas basadas en datos y evidencia científica, mientras que en el sector privado impulsa la generación de patentes, ventajas competitivas y desarrollo tecnológico en industrias como tecnología, farmacéutica, finanzas y energía.
El doctorado cumple un rol central en el liderazgo transformacional y en la conexión entre universidad, empresa y gobierno, tal como propone el modelo de la triple hélice.
Los doctores actúan como puentes entre el conocimiento y su aplicación práctica, promoviendo innovación con impacto social.
De cara al futuro, la formación doctoral enfrenta el reto de integrar tecnología, ética y sostenibilidad, consolidándose como una apuesta estratégica.