Un discurso para bobos

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El discurso del presidente Leonel Fernández el pasado 27 de febrero ante la Asamblea Nacional es una pieza digna de ser recogida en una "Antología Latinoamericana de la Demagogia Política para Imbéciles" (con el perdón de mi amigo Pedro).

En mi opinión, el Presidente habló como si se dirigiera a un auditorio de idiotas, o a un grupo de vagos que, como cobran hasta RD$350 mil al mes sin hacer nada, tenían la obligación de creerle y celebrar la longaniza de embustes que salían de su boca, y si bien ahí estaban los di-puta-dos y senado-res, en su mayoría incondicionales a él. Debió suponer que en el país había más gente, que no todos le iban a celebrar todas esas "plumas de yegua" que habló.

Quizás nunca fue bueno en religión o en moral y cívica, pero es evidente que se ha especializado en galimatías, que es algo así como enredar al otro para joderlo, eso sí con palabras bien, pero bien bonitas. De manera consciente, el orador ofreció cifras que no se corresponden con la verdad, pero también violó la Constitución que lo obliga a rendir cuentas de sus ejecutorias durante el último año.

El suyo fue un discurso electorero y, como han advertido muchos, más que a favor de Danilo fue una alabanza a sí mismo. Centrado en comparar sus ocho años en el Palacio frente a los cuatro de Hipólito.

Habló el Presidente de un país imaginario, donde en lugar de miseria hay abundancia; progreso en lugar de atraso; torres y elevados por doquier, donde -como él mismo dijo orondo- "¡Caramba! lo hemos logrado: ¡un Nueva York chiquito!".

Pero él mismo confesó que es desde el aire como así se ve. Los otros, los que andamos por las calles reales vemos, además de los elevados y túneles, en cada semáforo un ejército de excluidos que se lanzan sobre los vehículos a mendigar un peso, a "limpiar" cristales a cambio de una dádiva, a rebajarse a la condición de pordioseros, de verdaderos Jean Valjean, el personaje aquel de “Los Miserables”, la célebre novela de Víctor Hugo.

Después de ocho años al frente del Estado, tiene el valor de achacarle la culpa de todos los males "al gobierno anterior" y olvida que él es el presidente del "gobierno anterior", pues lleva dos períodos sentado en la silla.

Habla de logros en Educación, pero ni por asomo se refiere al incumplimiento de su gobierno con el 4% del PIB, que según la ley le corresponde a ese sector.

Es una vergüenza que después de usted haber ocupado la Presidencia durante doce años, nuestro país siga con una de las tasas de analfabetismo más altas de América. Según las mediciones que hacen distintos organismos internacionales, República Dominicana está entre los últimos lugares en desarrollo humano, por ser una de las naciones que menos invierte en salud y educación, mientras ocupa uno de los primeros lugares en corrupción.

Hay que hacer una apuesta por la decencia política y sobre todo por la eficiencia, la racionalidad, el trabajo honesto y el cumplimiento de las leyes, por la transparencia, algo que muchos esperábamos de una gestión suya. Pero lo que hemos visto es el enriquecimiento de unos cuantos a costilla de millones de -como dice la Policía- "presuntos" pendejos. ¡Qué decepción!

Insisto en el tema de la Educación, porque a mi juicio es fundamental para el desarrollo del país, ya que si no hay buena inversión es imposible tener buenos maestros, escuelas suficientes y por tanto seguiremos obteniendo resultados mediocres, ocupando los últimos lugares en ese renglón. Pero es evidente que esa no es su prioridad, lo suyo es otra cosa…lo sabemos.

Quizás le han dicho que el 27 de febrero se la comió, que al hablar tan bonito logró convencer a la audiencia, pero se equivocó: la gente piensa mucho más de lo que usted cree.

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