Un descuido que sale muy caro

En los últimos años la protección de la frontera no ha sido para nada una prioridad del gobierno que encabeza el presidente Leonel Fernández.

Los controles migratorios son prácticamente inexistentes y eso se nota con una simple mirada por cualquier calle céntrica del país.

Por presión o convicción, el presidente Fernández ha aplicado una política de tolerancia fronteriza, quizás obviando que por la línea divisoria no sólo pasan indocumentados.

Por la frontera pasan sin mayores controles extranjeros ilegales e indocumentados y con ellos otros males que vienen a acrecentar las dificultades que enfrenta el país.

Ese descontrol incrementa la criminalidad, pues facilita el tráfico de drogas y armas con la consecuente ola de violencia que arrastra.

Se ha dicho hasta la saciedad que esa dejadez también afecta el sistema sanitario dominicano, no sólo por las presiones adicionales que reciben los hospitales de provincias cercanas a la línea fronteriza, sino también por la movilidad de enfermedades que se tenían como erradicadas en el país.

La malaria ha cruzado por la frontera y ahora amenaza el cólera.

El impacto a la salud pública será costoso.

Pero también lo será para la economía en sentido general y en lo inmediato se verán los efectos de esa dejadez.

El turismo, el segundo principal renglón generador de divisas, lo sentirá en la médula. La propagación de las informaciones de que en Haití existe cólera sin dudas que aleja a los turistas de la isla y preferirán irse a otros destinos.

Algún día se entenderá que los controles fronterizo son prioritarios para el desarrollo nacional y la seguridad interna, pero mientras tanto sólo se reacciona ante las crisis y a medias.