Un crimen generalizado
El mantenimiento es una de las malas palabras en el diccionario de los funcionarios que ha tenido el país desde el ajusticiamiento de Rafael Leonidas Trujillo Molina.
Y es así, porque el abandono de obras que salen por un ojo y medio a los contribuyentes, desde el punto de vista económico, representa uno de los mejores negocios para los que están en la obligación de mantenerlas aptas y en excelente estado físico.
No es posible que después de arduas luchas, incluso en las calles, para que se levante una obra, esta se abandone como por arte de magia. La sociedad, en términos generales, es la principal culpable de esta anómala situación que se viene dando desde hace décadas. ¿Cómo es posible que obras de primer orden, reclamadas por años, no tengan la mínima atención de las autoridades nacionales, municipales ni de las comunidades beneficiarias?
Todos son culpables de las penosas condiciones que exhibe la mayoría de las infraestructuras en todo el territorio nacional.
Si esta sociedad no da rápido un cambio de 180 grados, indefectiblemente seguirá empantanada en el atraso en todos los órdenes. Esto es sencillamente un crimen.