Miércoles, 20 de febrero, 2019 | 9:45 am

Un ambiente enrarecido



El ambiente del país se siente enrarecido. Y resulta evidente que el factor político tiene mucho que ver con esta situación.

No solo por las disputas de quienes han hecho de esa actividad una forma de vida. El cuestionamiento acerca de la utilidad social de esa “clase” crece sin cesar.

La gente se siente hastiada ante tantas escaramuzas bizantinas al igual que la notoria irresolución de los acuciantes problemas de la gente. ¿Acaso ha llegado el momento de realizar cambios fundamentales?

Un Estado no puede operar sin políticos. Aunque existe una inquietud creciente sobre los resultados de la gestión de estos durante decenas y decenas de años.

Esa práctica, más que la noble actividad de la que hablaba Duarte, se evidencia actualmente como un tremendo escollo para el avance y la modernización de las instituciones. Para el rescate de los no favorecidos, de los débiles, de las víctimas.

Las maniobras habituales de algunos de sus integrantes han incidido en un incremento de acciones escandalosas. La queja se extiende a todo el espectro de la vida nacional, desde el manejo de los fondos públicos hasta el desenvolvimiento de la justicia.

Es probable que a esta situación haya que atribuir en gran medida la ineficiencia de nuestras instituciones. Se percibe que en el país existe un considerable predominio de los intereses particulares. Nos referimos a las cuñas que se introducen en todas las actividades a fin de obtener ventajas no siempre justas y casi siempre espurias.

Un amigo me relató que en una conversación con empresarios en Estados Unidos alguien le preguntó por su nacionalidad y al responderle que era dominicano el contertulio le dijo: Ah, República Dominicana, un país maravilloso. Todos saben lo que hay que hacer para resolver los problemas, pero nadie hace nada.

Por esa conducta la migración haitiana se ha transformado en una situación tan grave. De ahí el caos en el transporte, la deforestación creciente y la destrucción de nuestros ríos, la pobreza avasallante, la discutible calidad de la educación, el insoportable costo de la vida, los salarios de hambre.

Por eso la disfuncionalidad de la Justicia, la corrupción, el aumento del crimen y la inseguridad, del narcotráfico y la mala distribución de los recursos públicos.

Se levantan miles de escuelas y en breve surgen las quejas por los vicios. Se construyen cientos de kilómetros de vías modernas y las calles de los barrios y las ciudades están intransitables. No hay empeño para habilitar unos pocos kilómetros de caminos vecinales, para limpiar una cañada, para asfaltar las calles de un poblado.
Hay que enderezar la República Dominicana, ¿quién no lo sabe? Ah, pero está el factor político de por medio. Por eso estamos como estamos, como proclamaba el humorista.

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