Había una vez un pájaro muy grande sobre una rama. Le preguntaron: ¿No tienes miedo de que la rama se rompa? Y contestó: Mi seguridad no está en la rama, mi seguridad está en mis alas. Yo confío en mis alas.
El otro día escuché esta reflexión en redes sociales y me impactó mucho. Parece algo muy sencillo, pero realmente es enriquecedor.
Primero, el que pregunta sólo ve el problema, no ve más allá, ni una solución, sólo el peligro de que la rama se rompa.
No analiza contexto ni a quién se está dirigiendo. Sólo el problema. Después, el que contesta es consciente de la mayor fortaleza que la naturaleza le ha dado y confía en ella para enfrentar el problema que el otro le plantea.
Esto me lleva a pensar varias cosas. Tendemos siempre a ver lo negativo, en vez de ver la película completa. Aquella que nos pueda traer una respuesta a eso que pudiera ser un problema. Muchas veces nos cerramos tanto, que no somos capaces de salir de esa visión única.
Por otro lado, conocer nuestro valor como persona, eso que nos hace fuertes, que forma parte de lo que somos y sabemos cómo utilizarlo, es un don maravilloso. Quién es capaz de llegar a ese punto de conocimiento, tiene la mitad del camino andado, el resto será saber aplicarlo adecuadamente.
Todos tenemos algo que nos define, que podemos nutrir, desarrollar y utilizar para enfrentar la vida. A veces es algo obvio que no sabemos valorar, hay que hacerlo. Otras, es algo que debemos descubrir y sobre todo aceptar y, de nuevo, valorar.
Ese enorme pájaro sabía que la rama se podía romper bajo su peso, pero estaba tranquilo y confiado porque era totalmente consciente del poder de sus alas. Así que todos a encontrar nuestras propias alas.