Martes, 17 de septiembre, 2019 | 8:21 am

Tú no estás obligado a caer en la tentación



La tentación es un sentimiento que nos estimula a hacer o tomar algo que puede que no sea conveniente. Aún así, con frecuencia, escuchamos decir: caí en la tentación.

¿Por qué?

Lo primero que debemos aclarar es que las tentaciones no vienen de Dios (Santiago 1:13). Estas nacen en nuestro interior, ya que son producto de nuestros deseos exacerbados por poseer bienes materiales, determinado nivel social o posición, e incluso, por el sexo.

Dicho de otra manera, usted se siente tentando a poseer aquello que usted quiere y entiende que necesita. Pero, ¿crees que esa supuesta necesidad otorga el derecho a poseer aquello que tal vez no sea beneficioso para ti o para otro?

Normalmente, cuando alguien está en tentación sabe discernir si esa cosa, situación o persona le conviene; por lo tanto, caer en ella es culpa de su decisión y no de la circunstancia.

Puede que la decisión de decir que no sea difícil, pero no imposible, ya que “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y de dominio propio”, 2 de Timoteo 1:7 .

Podemos sucumbir ante la tentación y entrar en riesgo de perder cosas más valiosas y duraderas que las que recibiremos por complacer nuestra concupiscencia, o podemos usar ese “dominio propio” para decir: no.

Es bueno entender que las tentaciones son tentaciones, y que por más fuertes o apetitosas que parezcan, tú puedes alejarte de ellas antes de que te hagan daño. Recuerda que ellas nacen dentro ti, por lo tanto, no son mayores que tú, así que puedes controlarte.

Entiende que a ti no llegará ninguna tentación que no sea común a los hombres; “y fiel es Dios, que no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos soportar”, 1 Corintios 10:13.

¿Cómo evitar caer en tentación? Ese mismo pasaje bíblico dice que cuando te llegue la tentación, Dios proveerá también la vía de escape, a fin de que puedas resistirla. Así que si estas siendo tentado, probablemente sabes qué debes hacer para no caer en ella.

Mientras tanto, aléjate de todo lo que se parezca a esa prueba o te la recuerde. “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”, Santiago 4:7.

Senabri Silvestre

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