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Trump nos domina porque América Latina es un fracaso

Fotografía de archivo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Fotografía de archivo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Por: Mary Fernández

El primer año de Donald Trump de regreso en la Casa Blanca ha revelado una verdad brutal: la Doctrina Donroe no es solo imperialismo estadounidense, es el reflejo de nuestro colapso como región. Y República Dominicana debe responder una pregunta urgente: ¿vamos a ser pragmáticos o ideológicos? Porque al parecer, estamos bailando al ritmo de Trump, nos guste o no.

Donroe: Monroe con esteroides y sin disculpas.

La Doctrina Donroe —fusión de “Don” (Donald) con “Monroe”— actualiza la política de 1823 con una proclama sin matices: “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”. No es diplomacia, es presión, fuerza y resultados inmediatos mediante acciones militares, tarifas brutales e intervención electoral directa.

Y por si quedaban dudas sobre su ambición, Trump quiere comprar Groenlandia (como quien compra coco en una esquina) advirtiendo que Washington “se ocupará de Groenlandia por las buenas o por las malas”. Porque claro, ¿por qué no el continente completo?

Un año, siete países, cero resistencia.

En apenas doce meses, Trump reconfiguró América Latina sin que nadie pudiera detenerlo:
México entrega capos bajo presión de tarifas devastadoras. Nicaragua enfrenta sanciones que colapsarán su economía como Venezuela. Venezuela perdió a Maduro en una operación militar estadounidense. Argentina recibió créditos a cambio de votar por Milei bajo amenaza explícita de Trump: “si votan por el equivocado, adiós apoyo”. Chile colocó a un simpatizante de Trump en la presidencia. Brasil sufre aranceles constantes por encarcelar a Bolsonaro. Panamá vio cómo Trump desmontó el control chino del Canal.
Todo esto en un año.

El vacío que Trump está llenando

Hace tiempo un profesor de filosofía me dijo: “Todo el mundo sabe lo que hay que hacer, la pregunta es quién lo hará”. Esta frase resume nuestra tragedia. Nos guste o no, Trump está haciendo: moviendo gente, economías, cambiando todo.
América Latina sufre una crisis profunda de liderazgo donde la corrupción, el mal desempeño económico y la falta de sensibilidad erosionaron completamente la confianza ciudadana. Los gobiernos progresistas están fragmentados y debilitados. Los gobiernos de derecha carecen de políticas efectivas y comunicación coherente. El resultado es un vacío político donde nadie actúa con decisión.

Y en ese vacío, Trump prospera

Trump no es que sea la solución, con sus métodos imperiales y desprecio por la soberanía. es que es el único que está haciendo. Mientras nuestros líderes debaten, se paralizan o sucumben a la corrupción, Trump mueve fichas y obtiene resultados. Llenan el espacio que nuestros gobiernos dejaron vacío.

La lección que nos negamos a ver

La verdadera enseñanza no es sobre Trump, es sobre nosotros: Trump puede hacer lo que hace porque América Latina perdió la capacidad de construir autonomía estratégica. No es retórica antiimperialista, es la capacidad real de defender intereses nacionales sin subordinarse completamente a ninguna hegemonía.

Hemos fracasado rotundamente en la integración regional. No por falta de intentos —tuvimos ALBA, UNASUR, Mercosur, CELAC— sino por falta de voluntad política real y liderazgos que priorizaran el proyecto regional sobre intereses partidistas. El Mercosur no generó sinergias para crecimiento conjunto. UNASUR fue desmantelada por simple pedido del Departamento de Estado.

Trump no necesita invadir países o golpes militares. Solo necesita presionar porque América Latina carece de institucionalidad, voluntad política y visión estratégica para resistir colectivamente. Nuestra soberanía es declarativa, no efectiva. Proclamamos independencia mientras dependemos estructuralmente de remesas, materias primas e inversión extranjera que no controlamos.

Trump prospera en nuestra fragmentación.

Su Doctrina Donroe funciona porque nunca construimos una alternativa viable.

República Dominicana: ¿qué haremos?

No podemos fingir que esto no nos afecta. Dependemos de remesas de nuestra diáspora y enfrentamos deportaciones masivas que alterarían nuestra economía. Trump ya redujo aranceles a Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala como gesto a aliados. ¿Dónde quedamos nosotros?

Podemos indignarnos ideológicamente ante el intervencionismo, o actuar pragmáticamente para proteger nuestros intereses. Podemos denunciar la Doctrina Donroe desde la tribuna, o asegurarnos de no terminar en la lista equivocada. Podemos lamentarnos del vacío de liderazgo regional, o ejercer el liderazgo que ese vacío exige.

La pregunta no es si podemos detener a Trump. La pregunta es si finalmente aprenderemos que la única manera de no bailar al ritmo de nadie es tener música propia. Esa música se llama integración real, autonomía estratégica efectiva y liderazgo regional con visión de largo plazo.

Hasta que no construyamos eso, seguiremos eligiendo entre pragmatismo e ideología, cuando deberíamos estar construyendo poder real. Como nos recuerda ese profesor: todo el mundo sabe lo que hay que hacer. La pregunta es quién lo hará.

Porque como dijo el Secretario de Estado Marco Rubio tras la captura de Maduro, en un mensaje que resonó por todo el continente:

“Si no lo sabías, ahora lo sabes”.

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