El triunfo dominicano tuvo sabor a barrio y sello del baloncesto formado en casa
- De las canchas de Cristo Rey, Villa Juana y Guachupita al escenario internacional, el ADN de barrio que impulsó el triunfo dominicano ante Chile
Santo Domingo.- La victoria de República Dominicana tuvo un sabor a barrio, pues gran parte de los protagonistas del juego contra Chile aprendieron a competir en las canchas de los barrios, clubes y torneos dominicanos antes de convertirse en figuras internacionales.
Richard Bautista, Andrés Feliz y Jean Montero estuvieron entre los jugadores que imprimieron mayor intensidad al partido, acompañados por David Jones, en una actuación que combinó velocidad, defensa, presión sobre el balón y ese estilo agresivo que durante décadas ha caracterizado al baloncesto dominicano.
Estadísticas clave: Bautista, Feliz, Montero y Jones
El cuarteto viene de Cristo Rey (Richard Bautista), Villa Juana (Jeann Montero) y Dos Guachupita (Andrés Félix y David Jones), y la parte inicial de sus carreras se forjó en los clubes de esos barrios.

En el partido, Bautista en apenas 18 minutos y 33 segundos terminó con 14 puntos, cuatro asistencias y cinco robos, la mayor cantidad del encuentro. Lanzó para 5 de 6 de campo, incluidos dos triples en igual número de intentos, y registró un diferencial de +23 mientras estuvo sobre la cancha.
Andrés Feliz aportó 17 puntos, tres rebotes, cuatro asistencias y dos robos, incluyendo cuatro triples, mientras Jean Montero terminó con 12 puntos, tres rebotes, tres asistencias y tres recuperaciones, sin cometer pérdidas de balón durante los 27 minutos y 32 segundos que permaneció en cancha.

David Jones añadió 11 puntos, seis rebotes, cinco asistencias y tres robos, completando un núcleo que permitió a Dominicana imponer velocidad y agresividad durante buena parte del encuentro.

Más que una generación
El valor de estas actuaciones trasciende una noche.
Bautista, Feliz, Jones y Montero forman parte de generaciones que crecieron dentro del ecosistema del baloncesto dominicano, donde los clubes y torneos de barrio han funcionado durante décadas como verdaderas escuelas de formación.

Ese modelo ha producido jugadores con una característica reconocible: intensidad defensiva, habilidad para jugar en espacios reducidos, agresividad hacia el aro y capacidad para competir bajo presión.
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