Tratamiento para corregir las malformaciones arteriovenosas

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El cerebro humano constituye el órgano más especializado del organismo. Todas las funciones que realizamos y todos los órganos de la economía tienen su representación en el sistema nervioso central.

Esto conlleva a que el aporte energético de dicho sistema sea sumamente importante. Nuestro cerebro representa el 2% del peso del cuerpo, sin embargo consume un 20% del oxígeno total que circula por la sangre. Para que esto ocurra, es necesaria la presencia de una rica red de arterias, capilares y venas que se encargan de nutrirlo.

En ocasiones, explica el doctor Luis Eduardo Suazo, director Unidad Accidentes Cerebrovasculares del Cedimat, se desarrollan variantes y anomalías de esta red, que conllevan a la formación de malformaciones arteriovenosas cerebrales.

“Las mismas están constituidas por arterias de gran tamaño, tortuosas, un nido de vasos anormales entrelazados, y unas venas dilatadas, algunas veces estrechadas, las cuales reciben una presión para la cual no están preparadas. Estas lesiones carecen de capilares, por lo cual el tejido cerebral adyacente no se puede oxigenar, y en muchas ocasiones roban irrigación sanguínea, glucosa y oxígeno al tejido cerebral sano”.

Estas malformaciones pueden manifestarse de varias maneras:
1) Hemorragias en el cerebro, causa más frecuente de accidentes cardiovasculares (ACV) hemorrágicos espontáneos en niños y adultos jóvenes.
2) Producen convulsiones, por los fenómenos de cicatrización o gliosis alrededor del nido.
3) Deterioro funciones intelectuales, alteraciones neurocognitivas.
4) Dolores de cabeza.
Muchos autores, hoy en día, establecen que se producen agresiones en la vénula post capilar, que lleva al desarrollo de dichas lesiones. Diversos agentes virales como citomegalovirus, virus herpes, han sido ligados a estas afecciones.

¿Cómo se diagnostican?
Las opciones de diagnóstico varían, como la tomografía computarizada, la resonancia magnética, la angiotomografía cerebral, la angiorresonancia y la angiografía digital. Estos permiten definir las arterias aferentes o nutricias de la lesión, el tamaño y volumen del nido, las venas aferentes. Diversas formas de tratamiento son posibles, dependiendo la edad del paciente y forma de presentación. Es importante recalcar que en la mayoría de los casos los recursos terapéuticos se complementan el uno con el otro; por lo tanto, la terapia combinada suele ser la más efectiva.
Las opciones son:
1) Observación. No todas las malformaciones deben ser tratadas. En casos muy especiales, es mejor observar clínicamente y por imágenes.
2) Cirugía convencional: Constituye una de las formas más tradicionales de tratamiento. Se realiza a través de una incisión en el cráneo, produciendo luego una craneotomía con fines de llegar a la lesión.
3) Embolización: mediante este procedimiento se realiza una punción en la ingle o en la muñeca, se navegan finos y delicados microcatéteres, los cuales llegan al interior del nido malformativo, y en este momento se inyectan una serie de polímeros esclerosantes, los cuales ocluyen la lesión.

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El Día

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