Tras los sismos, familias de Catia La Mar viven a la intemperie entre escombros, miedo y esperanza

  • Sobrevivientes en La Guaira relatan cómo escaparon de los derrumbes y hoy dependen de ayuda humanitaria mientras persiste la incertidumbre

Venezuela.– El olor aún se percibe en el aire en Catia La Mar, zona del municipio Vargas, en La Guaira de Venezuela, pues entre los escombros que dejó el doble terremoto del 24 de junio, muchas familias indican que todavía hay cuerpos sin recuperar.

A pocos metros, decenas de carpas improvisadas y donadas se levantan como refugio temporal de quienes lo perdieron casi todo.

Miles de personas en esta zona costera viven hoy en casas de campaña, donde han colocado camas, sábanas y las pocas pertenencias que lograron rescatar. Otros, aunque sus viviendas siguen en pie, no han podido regresar por temor a que colapsen en cualquier momento.

En medio del calor, la falta de electricidad y el acceso limitado al agua, la vida se reorganiza a la intemperie, sostenida principalmente por la ayuda humanitaria.

“Nadie está viviendo en sus casas”

Yesleivic León, una joven madre de la comunidad, recuerda con angustia el momento en que ocurrieron los sismos. Esta se encontraba en un lugar público con mucha afluencia de personas.

“El segundo temblor fue el que desató el pánico. La gente corría, algunos caían y otros pasaban por encima. Mi mayor miedo era llegar a mi casa y ver si todavía estaba”, manifiesta al puntualizar que su hija de cuatro años quedó atrapada momentáneamente dentro de la vivienda junto a su abuela.

“Desde el día 24 en la tarde todos salimos de las casas. Después del terremoto, las personas que logramos salir, salimos. Hubo personas que quedaron tapiadas”, relata. Explica que fueron los propios vecinos quienes iniciaron las labores de rescate, sacando a los atrapados entre los escombros y trasladándolos al hospital militar más cercano.

Desde entonces, asegura, la comunidad permanece fuera de sus hogares.

“Ya desde ese momento, todos quedamos fuera de las casas, nadie está viviendo en sus casas”, dice.

Dice que durante los primeros días sobrevivieron con carpas de playa, sombrillas y telas para protegerse del sol. No fue hasta días recientes que comenzaron a recibir tiendas de campaña formales.

“Hemos recibido ayudas internacionales y de otros estados del país. Aún no han dado respuesta directa los gubernamentales del estado”, señala, aunque reconoce la magnitud de la tragedia.

En cuanto a los servicios básicos, explica que cuentan con agua distribuida en cisternas, pero no tienen electricidad debido a daños severos en la infraestructura.

“Hay muchos transformadores caídos. Han intentado restablecer la luz, pero han ocurrido incendios”, agrega.

Sobrevivir entre pérdidas y solidaridad

La historia de Aracelis Álvarez refleja otra cara del desastre: la de quienes lograron salir a tiempo, pero lo perdieron todo.

“Yo estaba preparándole algo de comer a mi nieto cuando sentí el primer movimiento. Pensé que era un mareo, pero después vi cómo la pared se abría”, cuenta.

En medio del caos, solo tuvo tiempo de tomar al niño y salir hacia un terreno abierto.

“Lo que me dio fue chance de jalar a mi nieto y resguardarlo”, dice.

Durante días vivieron bajo sábanas, soportando sol y lluvia, hasta que organizaciones humanitarias comenzaron a distribuir carpas.

“Una organización cristiana nos donó 70 carpas. Desde ahí nos hemos ido organizando”, explica.

Estas carpas fueron distribuidas a familias de más de cuatro miembros, mientras se gestiona para las familias de tres o menos miembros.
A pesar de las dificultades, Álvarez destaca el apoyo recibido.

“Las ayudas han sido excelentes. No nos han abandonado. Desde el día uno están con nosotros”, afirma, mencionando también la presencia de organismos internacionales como UNICEF y la instalación de comedores comunitarios.

Sin embargo, reconoce que al inicio hubo sensación de abandono por parte de las autoridades.

“Nos sentimos solos porque no aparecían. Pero también entendemos que fue algo inesperado y que hubo muchas pérdidas”, señala.

Con el paso de los días, algunas respuestas oficiales han comenzado a llegar, como el suministro de agua mediante camiones cisternas.

Los terremotos han dejado 2,954 fallecidos y a 16,592 heridos, mientras la cifra de desaparecidos se mantiene en 57.

Sobre el autor

Yamer Javier

Periodista especializada en la fuente de salud. Máster en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas,