Transmitir la buena noticia hoy

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Educado en la fe y que quiere morir en la misma. Fe que es un puro don de Dios pero que, además, exige mi esfuerzo intelectual y sobre todo de oración.

¿Qué ocurre en nuestra Iglesia? A mi juicio de creyente, el avance de la humanidad en los dos últimos siglos ha sido impresionante, en todas las ramas del saber y de la técnica.

El universitario se vuelve autosuficiente en su búsqueda de la verdad (a través de verdades parciales). Y en ese mundo ha de ser proclamada la Buena Noticia, noticia que tiene su fundamento en un hecho sorprendente:

La resurrección de un hombre. Predicar esto es difícil, sabemos que cuando Pablo recorre el mundo helenista, predica una fe nueva, original, más o menos asumible (más bien menos) pero que tenía una cualidad esencial, que fue el combustible que hizo arder el mundo grecolatino: el testimonio de unos cuantos que proclamaban su fe en el Resucitado porque lo “habían visto”, y que llevaban su fe a las últimas consecuencias, incluso el martirio.

Ahora, la Verdad predicada, además de difícil de digerir, lleva el polvo de interpretaciones hechas con mentalidad de hace siglos, con palabras y expresiones ininteligibles hoy día.

En el año 2012 no basta la teología tomista-aristotélica. “Sabiendo” los creyentes que Jesús fue resucitado, es preciso que saboreemos en qué consiste ese ser resucitado; “sabiendo” los creyentes que Cristo está presente en la eucaristía, es preciso que experimentemos qué es ese estar presente

Es difícil decir hoy a un joven de 16 años que cuando comulga “se come el cuerpo de Jesús”, con sus manos, pies, uñas… (Así nos fue descrita la comunión en los años 40).

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El Día

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