Tradición democrática
Podemos afirmar que República Dominicana tiene un legado democrático que se afianza y avanza con los años, pero todavía hay que seguir insistiendo en fortalecer las instituciones y los valores cívicos en los ciudadanos, para pasar a un periodo donde prime el imperio de la Ley y el respeto de la Constitución, madre de todas las leyes.
El hecho de que hoy recordemos un acontecimiento como la desaparición de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo constituye un punto de frontera, más que un acontecimiento histórico, aunque también tenga ese valor.
Hablamos de que es una referencia fronteriza porque enseñó a los dominicanos donde terminaba la dictadura, el oprobio e irrespeto de los derechos humanos y donde empezó nuestro despertar democrático.
Ese final tuvo sus consecuencias. Se trató de uno de los acontecimientos que llevó el luto y la sangre a importantes familias y hogares dominicanos. Tenemos que sentirnos, todavía hoy, en deuda con aquellos pioneros, que tomaron en su momento la decisión correcta de enrumbar a la República Dominicana por un nuevo camino.
Las nuevas generaciones son herederas de aquellos acontecimientos que terminaron con la desaparición de Trujillo, un día como hoy. Era un periodo de madres intranquilas, que se acostaban con el desasosiego de si regresarían o no sus hijos a los hogares.
Esperemos que nuestro presente nos lleve a un futuro luminoso, con apego a las leyes, con el respeto y el homenaje eterno a los forjadores de nuestra democracia.
