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Todo pasa

Entre toda la información que me llega a través de las redes sociales, esta semana destacó una frase que guardé en mi carpeta de motivación: “No podemos quedarnos sentados mirando nuestras heridas para siempre”.

Cuando se produce una herida emocional, no estamos preparados, eso es algo obvio. Cada uno reacciona con las herramientas de las que dispone para poder cerrarla y seguir adelante con esa cicatriz curada.

Ahora, en ocasiones la herida es tan profunda y dolorosa que se instala de una forma que puede convertirse en algo crónico. Llega un momento en el que uno está tan aferrado a ese dolor que se convierte en una zona de “confort”, aunque suene a contradicción.

Es como si fuera un estado natural.
Entonces, cada vez que hay oportunidad de mejorar y de soltar, el corazón y la mente parecen no estar preparados. Es como si se les hubiera olvidado cómo ser felices y se volviera a, como afirma la frase, mirar hacia esa herida.

Y hoy hablo de esto porque aquellas personas que estén pasando por algo así no deben sentirse mal y pensar que algo se ha dañado para siempre, sino que deben permitirse sentir ese dolor hasta el momento que, como decía en mi columna anterior, llegue ese día en el que ya no sea lo que domine su existencia.

Lo importante es saber que sí, que podemos volver a sentirnos felices, a sonreír, a tener ilusión por las cosas, y que esas heridas, aun siendo profundamente devastadoras, pasarán a transformarse en algo con lo que aprendes a convivir y a dejar en el espacio del aprendizaje.

Y les recomiendo tener esa carpeta de motivación en la que guarden aquellas cosas que, al verlas o leerlas, les traigan esos mensajes que necesitan para tener la fuerza y el impulso de siempre seguir hacia delante.

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