Todavía nos dejan pensar

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Siete años después de su muerte y un día antes de la fecha de la independencia nacional, nací.

Formo parte de varias generaciones que no conocimos la era de Trujillo. Por lógica, NO SOMOS TRUJILLISTAS.

En estos días hemos sido testigos de varias declaraciones de familiares del dictador, en las que defienden su obra de gobierno. Algo debe quedar bien claro, ESTAN EN SU LEGITIMO DERECHO.

Ejercicio inútil el de rasgarse las vestiduras, porque la familia Trujillo haga uso de su derecho constitucional a expresarse. Más aun si lo hacen, se lo deben a los que lucharon por las libertades públicas, por consiguiente sería un contrasentido conspirar para callarlos.

Aparte los cretinos, creo que todos sabemos que como descendientes del tirano lo defenderán. O acaso no lo hace la madre del delincuente cuando lo elimina la policía en un intercambio de disparos?

Hemos crecido en una permanente tirantez entre trujillistas y no trujillistas, y créanme, somos muchos los que estamos hartos de esta polémica estéril. Adónde nos conduce?

Escuchen bien! No estamos en la obligación de ser sometidos a una diatriba de odio de parte y parte.

Quiénes les han dicho a ustedes que se está de un lado o de otro? Acaso de repente estamos frente a gente que reclama de ambos lados el imperio de la verdad?

El rastro de sangre de treinta años de sumisión no se olvida, el dolor de las familias es legítimo y justificable, fue su sangre la derramada.

Ahora bien, el rol cobarde de muchos historiadores de relatar los sucesos, sin establecer los contextos, vínculos, lealtades, familiaridades, etc. de cada hecho de la tiranía en nada beneficia el establecer con diafanidad cómo y por qué ocurrieron las cosas.

Observamos decenas de libros sobre la era, escuchamos charlas, vemos homenajes, y recordamos los que se han beneficiado de la muerte del dictador. Qué caro les han salido al erario público!

Quisiéramos entender cómo es posible que se edifique un museo de la resistencia con fondos provenientes de aquellos que han invadido suelo patrio en dos ocasiones. O es que acaso hay una deuda de gratitud por haber ayudado a darle muerte al tirano? El orgullo nublo la coherencia?

Nos hubiera encantado llevar nuestros hijos a un museo en el que al entrar, les presentaran la época en que gobernó al país, Rafael Leonidas Trujillo y luego de mostrarles eso, los llevaran a otra sala donde les enseñaran las acciones que llevó a cabo esa persona para mantenerse en el poder, durante tanto tiempo. Así les permitiría a ellos forjarse su opinión, no que se la impongan.

Al fin y al cabo, creo que todos estamos avergonzados de que después de tanto esfuerzo, mientras antes, una persona decidía si morías, ahora lo hace cualquier uniformado porque no obedeciste una orden de detenerte, o cualquier sujeto porque necesita dinero para su dosis de narcóticos.

Entretanto, si algo se agradece, es que todavía nos dejan pensar.

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El Día

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