La República Dominicana tiene ante sí la posibilidad de incorporar una nueva fuente de riqueza a su economía mediante el aprovechamiento de las tierras raras, minerales estratégicos cuya importancia crece con el desarrollo de las tecnologías modernas.
EL DÍA inicia hoy una serie de reportajes sobre la posible presencia con vocación comercial de las llamadas tierras raras.
La idea es que el país se involucre y que las autoridades tomen decisiones siempre poniendo como prioritario el interés nacional.
Las investigaciones que se realizan en Pedernales, sobre antiguos depósitos de bauxita, abren perspectivas que merecen ser exploradas con rigor científico, transparencia y sin prejuicios.
Hay que escuchar todas las voces y ver todos los estudios.
Sería un error rechazar anticipadamente esta oportunidad por temores asociados a la actividad minera, como también lo sería precipitar su explotación sin conocer la magnitud de los yacimientos, su viabilidad económica y sus posibles consecuencias ambientales.
Cualquier decisión debe sustentarse en la planificación territorial, tecnologías apropiadas, regulaciones estrictas y autoridades capaces de garantizar su cumplimiento.
Pedernales concentra extraordinarios atractivos naturales y una importante apuesta por el desarrollo turístico, especialmente alrededor de Cabo Rojo y sus ecosistemas costeros.
Ningún proyecto minero debería comprometer ese patrimonio ni poner en riesgo las inversiones turísticas que comienzan a transformar la región.
Pero tampoco sería razonable renunciar, sin siquiera investigar, a recursos del subsuelo que podrían contribuir a diversificar la economía, generar empleos y fortalecer las finanzas nacionales.
La riqueza de una nación no está solamente en lo que conserva ni exclusivamente en lo que extrae, sino en su capacidad de aprovechar sus recursos sin destruir aquello que los hace valiosos.
Ese debe ser el principio que guíe cualquier decisión sobre las tierras raras dominicanas.