Tiempos de consenso político

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Periodista Luis García

La actitud de la oposición política de posibilitar la aprobación, este sábado, en la Cámara de Diputados de una prórroga de 12 días del Estado de Emergencia, constituye una buena de señal de consenso político, en medio de un panorama que implica serios desafíos para la institucionalidad democrática del país.

Originalmente, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la Fuerza del Pueblo (FP), agrupaciones, que unificadas, conforman una mayoría en la Cámara Baja, habían amenazado con boicotear la aprobación de la iniciativa del Poder Ejecutivo, lo que hubiera complicado no solo la gestión de la pandemia sanitaria originada por el impacto del coronavirus Covid-19; sino que hubiese incrementado la incertidumbre del panorama político con miras a la celebración de las elecciones presidenciales y congresuales previstas para el próximo 5 de julio. Medió, para alcanzar ese propósito, un acuerdo forzoso político entre oficialistas y opositores.

La República Dominicana, hoy más que nunca, requiere del entendimiento y de la racionalidad política para salir bien del proceso electoral en el que habrán de escogerse las autoridades que dirigirán sus destinos, a partir del venidero 16 de agosto.

La verdad es que son tiempos difíciles, de confrontación. La coyuntura política ha provocado una especie de frenesí o de locura, en la que cada sector la relativiza, y ve el fenómeno solamente desde la óptica de la conveniencia particular, sin que, necesariamente, medie el interés nacional.

El filósofo, médico, psicólogo e historiador francés Michel Foucault afirmó que la locura se traduce en una forma de imposición, debido a que el chiflado es aquel que escapa a las lógicas impuestas desde las diversas esferas sociales.

Parecería que vivimos en medio de un enfrentamiento bélico, casi ante el umbral de la locura política. Se trata de una situación que empaña la imagen de un país que exhibe la tranquilidad como parte de sus atributos. Los dominicanos nos hemos convertido en relativistas consuetudinarios, priorizando la conveniencia particular.

Los intereses particulares hacen de las personas entes que avaros y mediocres. Sócrates, maestro griego de la filosofía, solía afirmar que lo bueno abunda poco, contrario a la mediocridad, que suele figurar en las manifestaciones humanas.

Indudablemente que en la sociedad dominicana imperan claramente dos discursos, uno relativista de cara a la opinión pública, y que hace mucho ruido; y otro, mucho más provechoso que aborda el predominio de la verdad sobre la mentira.

Entre la verdad y la mentira, lo bueno y lo malo, existe un relativismo ideológico a cargo de doxarios, es decir, simples “opinadores”, cuya misión consiste en manipular selectivamente a determinados sectores de la población.

La clase política debe exhibir el nivel de conciencia necesaria para resolver sus controversias a través del diálogo civilizado. Nuestro país, por diversas razones, constituye un Estado débil, cuya incidencia en el escenario geopolítico no es significativa.

Jamás avanzaremos si no establecemos claramente lo que queremos y aspiramos, actuando en una misma dirección con el firme propósito de alcanzar los objetivos estratégicos deseados.

La manera de cómo se ejercita la actividad política, a veces primitiva y sin criterio estratégico, pone en tela de juicio la bondad y la propensión a la paz que nos caracterizan como sociedad.

El diálogo es el camino a recorrer por la sociedad, jamás el de la confrontación y de la locura política. Asumamos lo primero, porque estos son tiempos que reclaman del consenso político.

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