Tenía 16 años: su historia revive alarma por violencia contra niñas y mujeres en RD

  • Especialistas alertan sobre patrones de control, dependencia emocional y violencia normalizada.-

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Santo Domingo.- Detrás de cada cifra hay una historia. Un nombre. Una familia rota. Hijos que quedan huérfanos, madres que entierran a sus hijas y comunidades marcadas por el miedo y la indignación.

En las últimas semanas, República Dominicana ha sido estremecida por una cadena de feminicidios que ha ocupado las portadas de los diarios nacionales y vuelto a encender las alarmas sobre la violencia contra la mujer. Hombres que asesinan a sus parejas o exparejas, algunos de ellos quitándose la vida después de cometer el crimen, forman parte de una realidad que parece repetirse una y otra vez.

El caso más reciente es el de una adolescente de 16 años asesinada presuntamente por un hombre de 25 años en la comunidad Los Arroyones, en Villa Altagracia. De acuerdo con informes preliminares, la menor murió estrangulada, en un hecho que volvió a encender las alarmas sobre la violencia hacia niñas y mujeres en el país.

Los casos recientes de mujeres asesinadas en Santo Domingo Este, Villa Altagracia, Santiago y otras provincias han provocado consternación nacional y reabierto un debate que cada día suma más preguntas que respuestas: ¿quién falla?, ¿qué está haciendo el Estado?, ¿por qué continúan ocurriendo estos hechos?

Las cifras reflejan la gravedad del problema. Datos del Ministerio Público reportan que solo en el primer trimestre de 2026 al menos 22 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas. Sin embargo, estadísticas más recientes del Ministerio de la Mujer y del Observatorio de Justicia y Género elevan la cifra a entre 27 y 32 feminicidios hasta mayo.

En medio de la conmoción surgen preguntas difíciles de responder. ¿La raíz del problema está en el machismo? ¿En la violencia social? ¿En la salud mental? ¿En la falta de prevención? ¿O en un sistema que sigue llegando tarde?

Un problema integral

Para el sociólogo Celedonio Jiménez, el fenómeno responde a múltiples factores sociales y culturales profundamente arraigados en la sociedad dominicana.

“Tenemos estructuras sociales, políticas, económicas y culturales donde el varón es el dominante. Hay una cultura patriarcal que incide en el fenómeno”, sostuvo durante una entrevista en el programa radial “Esto No Tiene Nombre”.

A su juicio, muchos hombres crecen bajo la idea de que la mujer es una propiedad sobre la que pueden decidir, controlar o imponer autoridad, y no soportan que esta decida abandonar una relación o actuar con autonomía.

Por su parte, el psicólogo Amaury Ramírez advirtió que reducir todos los casos únicamente al machismo deja fuera otros componentes importantes relacionados con la salud mental y las conductas violentas.

“La violencia no tiene género. Tiene historia, tiene silencio, tiene clínica, tiene neurociencia y tiene evidencia empírica”, afirmó.

Ramírez explicó que detrás de muchos feminicidios existen patrones relacionados con carencias afectivas, dependencia emocional, falta de control de la ira y consumo de sustancias.

“Cuando tú unes esos cuatro elementos, es muy probable una detonación de una conducta altamente violenta”, señaló.

El especialista incluso relató el caso de un hombre en rehabilitación que llegó a admitirle que, de no haber recibido ayuda psicológica, habría asesinado a su pareja, a sus hijos y luego se habría suicidado.

Mientras el debate sobre las responsabilidades continúa y las instituciones buscan respuestas, los casos siguen acumulándose como un efecto dominó que parece no detenerse.

Y en cada uno de ellos se pierde mucho más que una vida.

Se pierde una madre, una hija, una hermana, la cabeza de un hogar. Niños quedan en la orfandad, familias enteras claman justicia y una sociedad observa cómo su esperanza parece desvanecerse con cada nuevo titular.

Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en la fe que transforma.