Temporada de huracanes
El periodo que se nos avecina tiene un nombre: temporada de huracanes. Eso de por sí nos pone en pie de aviso, tomando en cuenta la vulnerabilidad que tenemos como parte de una isla anclada en medio de una ruta de lluvias.
Una temporada altamente peligrosa y temible para los países que forman parte de la cuenca atlántica, si leemos entre líneas los pronósticos de los organismos atmosféricos de los Estados Unidos. Plantean que podría ser la más activa de las que se tiene constancia.
Los pronósticos dan grima, ya que a partir del 1 de junio y hasta el 30 de noviembre los países de esta región atlántica podrían ser azotados por una cantidad de fenómenos que oscilarían entre 14 a 23 tormentas de 120 kilómetros por hora o más velocidad. No es todo; ellos pronostican que de 8 a 14 podrían convertirse en fuertes y devastadores huracanes.
Las últimas lluvias que azotan desde principios de mayo distintos puntos y provincias del país son avisos, previo a la temporada de huracanes, que debemos tomar muy en serio. No hay que esperar a que llegue junio y avance la descomposición climática para empezar a tomar las precauciones de lugar.
Las instituciones mitigadoras de desastres tienen una coordinación eficaz, que se ha demostrado, aún en las peores condiciones, que funciona y hace su trabajo. Si a esa eficacia sumáramos la prevención, como dice su nombre, que las cosas se hagan con mucho tiempo de antelación, tendremos poco que lamentar cuando llegue la temporada de huracanes. Avancemos.