En muchos ciudadanos se ha cobijado el temor de transitar por las vías públicas sin desconfiar de los demás. Prácticamente, la gente se observa como “enemigos”, ya que nadie sabe quien o quiénes se adornan de “mansos corderitos” y son “puros demonios”, es decir delincuentes.
De ahí que muchos se identifican con los llamados “intercambios de disparos”, pero hay otros que exigen el respeto de los derechos de los delincuentes, quienes no tienen “alma” para preservar las vidas de sus víctimas.
Lo cierto es que en la población prevalece temor e inseguridad que deben ser erradicados por las autoridades.
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