Tan fácil que es amar…

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A diario conocemos y tratamos a muchas personas y es asombroso como la indiferencia marca la pauta.

Desde que inicié esta columna la frase “Sean amables de manera indiscriminada” es mi signo distintivo y, para muchos amigos y desconocidos, es un axioma que se cumple a la perfección en mi persona, pues creo que el ejemplo es más fuerte que mil palabras.

Algunos me han confesado lo díficil que resulta ser amables en estos tiempos y más aún ser sinceros en el proceso en una sociedad de doble cara y moral. Sin embargo, me he dado cuenta que gran parte de mi alegría y felicidad se desprenden del firme propósito de rechazar la negatividad y dar siempre una sonrisa.

Les aseguro que no es tan difícil como muchos piensan “ dar las gracias, decir buenos días, sonreír y dar afecto”. Solo piensa una cosa, “si a mi me gustaría que me trataran bien, por qué no he yo de tratar bien al otro”… Simple, sencillo y directo.

Para concluir quiero compartir unas frases de un libro que me encanta: “Chocolatito espumoso para el alma”, de Medard Laz:

“La próxima vez que tenga el impulso de hablarte de forma negativa y grosera, me lo tragaré y guardaré silencio. Amarte no me da permiso para ser descortés. Si no puedo ser generoso y dar apoyo, al menos trataré de no interponerme en tu camino. Amarte significa desear que crezcas. No tengo que ser perfecto, ni tú tampoco. El amor es una celebración a nuestra humanidad, no a nuestra perfección”.

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El Día

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