También las carreteras

editorial

El peligro que representa la manera temeraria de conducir de miles de personas al frente de un volante en las calles de las grandes ciudades también está presente en autopistas y carreteras.

En unos casos, como en el de las vías urbanas, el riesgo se hace presente porque muchos prefieren ignorar las señales de tránsito y porque aquellos que prefieren acogerse, digamos, al código de colores de las luces de un semáforo, se exponen a las urgencias de quienes esperaban otro tipo de comportamiento y le urgen desde atrás con bocinazos.

Autopistas y carreteras, con espacios abiertos más extensos, deberían de estar libres de estos apremios. Pero tampoco hay tranquilidad.

No importa el diseño de los ingenieros, los usuarios de las vías los modifican, en algunos casos rellenando con tierra una canaleta y en otros rompiendo una isleta para pasar de una a otra vía, como ocurre en la avenida Seis de Noviembre y en la autopista Duarte, ambas flanqueadas por vecindarios, antiguos o recientes.

Durante su participación del miércoles en el Almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio, el ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, informó que todos los cruces improvisados en la autopista Duarte serán cerrados y que allí donde sean necesarios los sustituirán por retornos seguros.

La situación en la avenida Seis de Noviembre ha movido al Ministerio de Obras Públicas a replantear soluciones para contener el desorden con la esperanza de reducir los riesgos.

Según el ministro, no enfrentan casos aislados ni exclusivamente técnicos; de acuerdo con sus consideraciones, detrás de estos cruces irregulares se encuentran decisiones municipales, expansión urbana sin control y permisividad vial que termina trasladando el riesgo a la carretera.

Visto de esta manera, la complejidad del tráfico de vehículos no es exclusivamente de conchos, guagüeros y motociclistas en las ciudades. La inseguridad es alimentada por todos en todas partes.