Sólo acompaña

Ana Blanco
Ana Blanco

Siempre he pensado que tenemos una capacidad extraordinaria para solucionar los problemas ajenos, mucho más extraordinaria que la que tenemos para solucionar los nuestros. Debe ser que es más fácil ver las cosas claras cuando no te afectan directamente, aunque lo hagan a alguien que aprecias.

Ahora, tenerlo tan claro no significa que la otra persona lo vea o que aquello que aconsejemos sea lo adecuado o, aun siéndolo, sea lo que esa persona necesita.

Hay que dejar que cada quien encuentre su camino. Unos lo hacen antes; otros, después de darse de bruces, pero es algo necesario que cada uno debe vivir. Tratar de ser siempre el salvador de los demás sólo denota un problema propio de querer controlar y protagonizar. No me refiero a no estar al lado de esa persona, claro que sí, pero los famosos «te lo dije» no los quiere nadie y, al final, no logran nada.

Cada persona tiene sus propias velocidades y formas de entender el mundo. Que uno vea las cosas —de los demás— muy claras no significa que sean las correctas. Cada quien tiene que hallar las suyas y hacerlo a su manera. Y, si aciertan, celebrar con ellos; si se equivocan, acompañarlos.

Sin embargo, es importante dejar que cada quien encuentre su vía de transitar por el mundo y no querer ser la solución a todos los problemas, porque acabas convirtiéndote en uno más. Es difícil ver que alguien se está equivocando y no intervenir. Puedes hacerlo, pero no imponerlo; dejar que sea el otro el que tome su decisión, sin presionarlo y sin reclamarle.

Al final, el proceso de crecer, de madurar, es extremadamente personal y, aun cuando ames y quieras ayudar, la mejor forma es permitir que cada quien tenga sus éxitos, sus fracasos y sus aprendizajes.
Tú, sólo acompaña.

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Ana Blanco