Sociedades decentes

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Desde que nuestra especie –el homo sapiens- surgió, hace 250,000 años, hasta hace una decena de milenios, nuestros ancestros vivían en pequeños grupos, recolectando frutos y comiendo carroña, cazando y pescando.

Estos modos de sobrevivencia obligaban a una existencia nómada y una esperanza de vida no superior a los 40 años. Con los cultivos y la domesticación de animales nos hicimos sedentarios y se formaron comunidades numerosas, desarrollando modelos de organización social más complejos que la relación familiar.

En los últimos diez milenios hemos desarrollado diversas formas de organización social, desde las aldeas más primitivas hasta modelos sofisticados como la Unión Europea. Lamentablemente, ha predominado el autoritarismo y la explotación de las grandes mayorías en las organizaciones sociales que conocemos por la historia y en la actualidad. El discurso del respeto a la dignidad de todos los seres humanos es cuestión del siglo XX, con antecedentes notables como la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa –ambas a finales del siglo XVIII- y su raíz más antigua en el Sermón de Montesinos, con alta tecnología en 1511 en Santo Domingo.

Construir sociedades donde se reconozca plenamente la dignidad de cada ser humano que viva en ella, donde el producto del trabajo social se distribuya equitativamente y la participación política impregne la cotidianidad de todos los ciudadanos y ciudadanas, es tarea pendiente.

El liberalismo, el socialismo y la democracia han hecho aportes significativos en la dirección correcta, pero falta mucho por inventar y construir en formas decentes de vivir en sociedad.

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El Día

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