Sobre los motivos de Brewster

Los dominicanos debemos estar conscientes de que República Dominicana no tiene mayor importancia para el poder político de Estados Unidos, país cuya política exterior se traduce a lo que le conviene a su política interna.

Esos mismos círculos de poder encuentran en Haití un vínculo con la negritud que les llegó de la época de la esclavitud, al cual miran cuando quieren exorcisar sus culpas.

La última vez que República Dominicana tuvo importancia para la política interna de Estados Unidos fue durante la Guerra Fría, ante el temor que tenían las estructuras de poder de ese país de que la Unión Soviética instalara en la región un enclave desde el que pudieran atacar territorio norteamericano.

En gran medida eso motivó la invasión militar de abril de 1965.

Los intereses, prejuicios y preferencias de esos círculos de poder político estadounidenses se sobreponen a lo que pueda creer en realidad un embajador acreditado en República Dominicana.

Eso explica que James Brewster de repente haya asumido el absurdo discurso propagado por ONG de que a los 55 mil nacionalizados por la ley 169-14 se les están poniendo trabas para obtener los documentos que esa ley dispone.

Se alega que sólo se les han entregado a unas 10 mil personas, cuando lo que debiera interesar es si a los otros se les ha negado o simplemente ellos no se han interesado en irlos a retirar o si simplemente muchos de ellos han fallecido, porque el inventario data de 1929.

A esos círculos políticos norteamericanos no les interesa si República Dominicana tiene razón o no y bajo ese mismo razonamiento se comportará el embajador de Estados Unidos.

En este caso lo que a los dominicanos debe interesar es el cumplimiento de las leyes y velar por los intereses dominicanos respaldando a los que actúan movidos por esos motivos.

El embajador siempre se verá inclinado a responder a las presiones de Washington más que a la razón, aunque la verdad le golpee en las narices.