Sobre las 3 causales

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Celedonio Jiménez

Los enconos producidos en torno a la discusión de las tres causales hacen suponer su complejidad, la cual está ligada, entre otras cosas, a nuestras tradiciones religiosas, cultura y otros factores.

Algo que también ha contribuido a su complicación es la noción de nuestra constitución vigente, que en el artículo 37, capítulo I, al plantear el derecho a la vida, sostiene que “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”.

Nuestra Constitución habla del derecho a la vida, pero no trata (¿debe presuponerse?) del estatuto antropológico de esa vida. Nos preguntamos si el estatuto antropológico se adquiere por el embrión en cualquier momento de su aparición.

La concepción producida en el vientre materno humano entraña una vida, pero de una vida humana en potencia. Un tema de discusión podría ser en qué momento dicha concepción adquiere realmente una condición o estatus antropológico.
No han contribuido tampoco al debate las posiciones autoritarias que en algunos sectores de la jerarquía religiosa se han manifestado.

En el país se expresan serios obstáculos al desenvolvimiento y tratamiento dialogístico de los problemas. Eso no ayuda.
En el caso de las tres causales se puede decir que hay problemas éticos de por medio. Pero el juicio ético siempre tiene muchas aristas de discusión, algunas veces interminables.

Algunos preguntan por qué en el caso de una menor violada y embarazada (a veces por el padre, padrastro u otro familiar), se debe priorizar la afectación del embrión potencialmente humano.

Pero es una dura realidad, por igual, con variadas consecuencias, la experimentada por la familia de una menor violada y embarazada, que aun ella misma no se ha terminado de criar. No nos cabe duda de lo rudo e insoportable de una realidad como ésta, que para una parte numerosa de la población, sobre todo la más pobre, tiene nombre y apellidos precisos.

Creo en la existencia de convicciones honestas de una parte de los que se oponen a las tres causales, pero frente a todo dilema ético o social (dilema porque no es tan obvia la salida correcta a escoger) se impone el curso de acción mejor, es decir, el que menos sufrimiento signifique para la sociedad y el que menos vulneración de los derechos humanos suponga.
La mayoría de los diputados ha aprobado la no inclusión de las tres causales en el Código Penal. Sin embargo, tengo la convicción de que la lucha sigue, ahora o después.

Finalmente, deseo señalar que el debate sobre las tres causales, y específicamente el relativo al desembarazo por violación o incesto, debe llevar a que en la República Dominicana se asuma de una vez y por toda, la educación sexual, principalmente en las instancias básicas y medias de enseñanza, porque nuestros niños y adolescentes tienen derecho a esa educación, y la necesitan, y porque sin ella seguiremos sufriendo la proliferación de monstruos sexuales.

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