Sin protagonismo
Lo más bonito del movimiento que persigue una asignación en el presupuesto nacional equivalente al 4% del Producto Interno Bruto (PIB) es que nadie se quiere robar el show.
Si se le pregunta a cualquiera que pase por la calle quién es el líder de ese movimiento o quién busca notoriedad con el color amarillo que simboliza la aspiración nacional por una educación digna, lo más probable es que no se obtenga una respuesta precisa.
Porque lo que ha ocurrido, sin precedente en la historia del país, es una manifestación espontánea en beneficio de un anhelo generalizado en todas las capas sociales, sin distinción de estatus económico, simpatía política, religión, color de la piel ni ninguna otra razón para no estar de acuerdo.
Felicitamos al pueblo en general, por haber llevado esta campaña a los más altos estamentos del poder político y a los corazones de todos los buenos dominicanos, al grado de haber logrado un compromiso solemne de todos los candidatos presidenciales para hacer cumplir las leyes que tienen que ver con la búsqueda de la excelencia de la educación.
Para no ser mezquinos, felicitamos también al Gobierno, que en una demostración de su vocación democrática ha soportado todas las protestas que se han llevado a cabo para alcanzar el consenso citado, aparte de que, talvez como una señal de que finalmente ha pegado su oído al corazón del pueblo, ha destinado a la educación la totalidad del superávit del presupuesto complementario, ascendente a varios miles de millones de pesos, que le vienen muy bien a la noble causa que comentamos.
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