- Publicidad -

- Publicidad -

Sin medias tintas

Usted podrá tener la opinión y la actitud que quiera sobre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su gobierno, pero hay cuestiones fundamentales, de principios, que exigen definiciones claras y sin medias tintas.

Venezuela es un país independiente, con una soberanía muy bien peleada y defendida por un pueblo que se ha ganado el derecho a solucionar sus problemas sin injerencias ni imposiciones.

Pero ocurre que Estados Unidos pretende ser él quien imponga el rumbo donde quiera, por encima del principio de la autodeterminación y de todas las demás normas del derecho internacional, y para eso ha colocado a Venezuela bajo amenaza al desplegar frente a ella una poderosa fuerza naval, como en los tiempos aquellos de la diplomacia de las cañoneras.

Al más típico estilo del viejo Oeste, ha puesto precio a la cabeza de un jefe de Estado, reconocido y aceptado por las Naciones Unidas y otros foros internacionales.

Exhibe amenazante el poder destructivo de sus armas, como el peor perturbador de una región declarada en 2014, por consenso de los países que la forman, como zona de paz, en la cual los Estados han sabido dirimir sus diferencias por la vía de la diplomacia sin hablar siquiera del uso de las armas.

Y, como siempre, junto al despliegue de la fuerza, los yanquis montan su campaña de confusiones y mentiras. En 1965 trataron de justificar la invasión militar de nuestro país, y hablaron de monjas y sacerdotes quemados vivos por los constitucionalistas y de vidas norteamericanas en peligro. Resultó que las únicas vidas estadounidenses perdidas, fueron las de aquellos soldados que vinieron a matar y cayeron bajo las balas de los patriotas después del desembarco.

En 1991 le impusieron al mundo que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, invadieron a Irak dizque buscándolas y las únicas armas que destruyeron y mataron masivamente en ese país fueron las norteamericanas.

Ahora ponen al jefe del Estado venezolano bajo una gravísima acusación y como quien sale de cacería, esperan hacerse de la anhelada presa.

Estamos frente a un concepto filibustero e imperialista de las relaciones entre los países, algo que los hombres y mujeres dignos y preocupados por la suerte del mundo no pueden pasar por alto.

Entonces, esto va mucho más allá de la opinión que se pueda tener del presidente Maduro y su gobierno y obliga a cada quien a tomar partido y definirse.

Etiquetas

Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.

Artículos Relacionados