Simbología en tiempos de crisis
Quien dirige cualquier colectividad tiene la responsabilidad de servir de ejemplo a veces hasta en asuntos sin mayores implicaciones, pero que pueden enviar a los dirigidos un mensaje contundente.
Desde el Gobierno se escucha con frecuencia que no hay dinero suficiente para atender adecuadamente tal o cual necesidad social, en las asignaciones presupuestarias a tal o cual área se le asigna menos de lo que establecen las leyes o se posterga la construcción de obras prioritarias para algunas comunidades.
Ese accionar se apoya en el discurso de que las recaudaciones se han caído como consecuencia de la crisis económica.
Se le pide a la población comprensión y paciencia. Incluso el secretario de Economía advirtió que en el país se debe discutir la posibilidad de más impuestos.
Sin embargo, por más esfuerzos que hagan los gobernados resulta difícil asumir esos planteamientos, pues los mensajes que envían los gobernantes resultan confusos. Un líder que pide sacrificios ante un constreñimiento de la economía jamás puede mostrarse dispendioso.
Cualquier comportamiento y señal de dispendio que venga en este momento desde la clase gobernante molesta e indigna.
Por eso resulta poco entendible que en su viaje hacia Europa y Egipto el presidente Leonel Fernández se haga acompañar de una delegación oficial de 19 personas, cuando lo más natural sería pensar que la redujera a su mínima expresión.