Servicios engañosos
Los dominicanos contratan diversos servicios ofertados con una publicidad tan apabullante que terminan convencidos. Sobre todo en esta temporada, donde hay de todo: desde impresionantes “descuentos” hasta “facilidades” para empezar a pagar productos de alto valor a principios de 2017.
A esto no se le puede llamar “publicidad engañosa”. No es la publicidad la que engaña. Si se mira desde esa perspectiva el delito resulta impersonal. No hay responsables. O en todo caso, resulta que es la “publicidad” la que engaña.
Y no es así. El engaño es fraguado por las empresas que hacen las ofertas y envuelven a los clientes.
El alto nivel de irresponsabilidad hace que instituciones del Estado, llamadas a defender los derechos y el dinero de los clientes, se involucran de manera absurda, y escogen la fórmula de la advertencia.
Y en ese tenor “advierten” a los posibles clientes o usuarios de un servicio determinado a “ser vigilantes de la publicidad engañosa”. Una indicación que raya en la complicidad, y oculta a los verdaderos responsables de impresionantes estafas y abusos que se producen a diario en el marcado nacional.
No basta con advertir a los dominicanos que tienen derecho a una información clara, veraz, oportuna y suficiente cuando no hay un régimen de consecuencias, que castigue no a la “publicidad engañosa”, que no tiene la culpa del delito.
Debe actuarse contra los verdaderos responsables de dichos delitos, más allá de una simple y peregrina advertencia.
