Viernes, 23 de agosto, 2019 | 10:44 am

Ser mamá



Para mí hablar de ser mamá tiene nombres propios. Reales, de carne y hueso, de esos que te hacen sentir.

Mis abuelas, dos mujeres totalmente diferentes entre sí, pero que igualmente marcaron mi camino, de las que aprendí que siempre hay una buena razón para tomarte un chocolate caliente con un pedazo de bizcocho rodeada de quienes amas.

Mi madre, mujer con una fuerza arrolladora, sin filtro, de esas que tiran hacia delante con todo, sin pensar si en el camino dejan un pedacito.

Una madre gallina, así con todas las plumas, que sonríe con la felicidad de sus hijos, llora con sus penas, pero ante todo, siempre, siempre está ahí.

Mi marido, la persona con la que comparto la maternidad, somos tan distintos que siempre digo que ahí radica nuestro equilibrio. Pero sin él no sería la madre que soy y le agradezco que me acompañe en esta empresa. Mi suegra, ejemplo de coraje y de cómo siempre hay una razón para seguir hacia delante.

Mi hijo, el que compartió su corazón con el mío durante nueve meses y creamos un vínculo inexplicable. Quien me hizo empezar a pensar en el futuro y me reta cada día a ser mejor porque me mira con ojos de aprendizaje.

El bebé que siempre sonreía, el niño que empezó a descubrir el mundo de mi mano, el adolescente que ya quiere volar solo, pero siempre mira hacia atrás a ver si estoy.

Y voy a estar, claro que sí, ser madre es un trabajo a tiempo completo, con tantos claroscuros como sonrisas y lágrimas.

No lo vendo, comparto lo que siento, porque cada quien decide qué quiere en su vida. Pero para mí ser madre tiene nombres y apellidos llenos de fuerza, sentimiento, futuro y, ante todo, amor, mucho amor.

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