Señales

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Los funcionarios del Gobierno que todavía andan en Belén con los pastores, contemplativos, vacilantes y desorientados, deberían leer en forma correcta las señales que emanan del Palacio Nacional en relación con la puesta en marcha de políticas públicas que ayer fueron promesas de campaña y hoy parecen definir el arranque de la administración.

Mientras observamos pasos iniciales (merecen un examen a fondo sobre qué tan certeros son) para erradicar el analfabetismo, la miseria e impulsar el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, ciertos incumbentes de instituciones públicas no se despojan aún de las telarañas del sueño, porque entienden que haber sido nombrados y/o confirmados en sus puestos es una manifestación onírica.

Aspectos tan simples como la conformación de equipos, el esbozo a grandes rasgos de los planes de corto plazo o más complejos, como el diseño de las estrategias, no se palpan en áreas altamente sensibles. Veo, por el contrario, muchos movimientos en “flash back”, como si asistiéramos a una narrativa fílmica de la que el perro se dedica a morderse la cola, girando en círculos.

Es obvio que, de alguna manera, se trata de una clara evidencia de que hay quienes no han estudiado la partitura -para ejecutar a tono con la orquesta- o nunca la tuvieron a manos porque, probablemente, su llegada a la función pública obedece al azar, al margen de improvisación que traen consigo los compromisos clientelistas.

Quizás no cayeron en los puestos públicos de preferencia, en base a los cuales habían perfilado su devenir político.

En ese contexto, comienzo a ver dos alas en el impactante vuelo del cóndor que es el inicio de un gobierno: una bate el aire en avanzada -hacia lo que podría ser una revolución social si los planes se ejecutan íntegramente-, pero otra permanece estática e impotente. Tengo la presunción de que en febrero de 2013 rodarán cabezas.

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El Día

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