Señales de esperanza

A raíz del horrible asesinato de un abogado y profesor universitario se desveló un nuevo entramado de corrupción en una institución estatal que ha escandalizado a la sociedad.

El propio Presidente de la República actuó de inmediato disponiendo la cancelación del funcionario involucrado, mientras que el Ministerio Público ha investigado con relativa celeridad el caso, a tal punto que ya se puso a andar la rueda de la Justicia.

Casos como este conmueven tanto el alma de una nación que producen una especie de alto, de “stop”, para analizar el rumbo que lleva la sociedad.

Un amplio coro grita que hemos llegado a un punto de quiebre, que estamos en la antesala de una especie de colapso social, que como sociedad estamos tocando fondo.

Quienes externan opiniones de ese tipo inspirados en reales deseos de un mejor país, ellos mismos son parte de la prueba de que avanzamos de manera positiva.

El empoderamiento de la ciudadanía, y que la misma se manifieste y sea escuchada, constituye un estadio superior de la democracia.

Otra muestra lo constituye la judicialización de ese tipo de casos.

El vaso está más que medio lleno, pero aún le falta agua.

La reacción de la gente y de las autoridades frente a actos como los que han salido a relucir con el asesinado del abogado y profesor universitario dan señales de esperanza.

Avanzamos, pero aún nos falta para llegar.