Santo Domingo, la frontera… y Haití… 9

Santo Domingo, la frontera… y Haití… 9

Miguel Febles

El relato clásico de la historiografía dominicana inicia con la llegada de Cristóbal Colón a la costa noroeste de la isla el 5 de diciembre de 1492. Es la base más antigua de la cuerda europea de la historia local.

Cierto, el pueblo dominicano encuentra su origen más remoto en la aventura iniciada por Colón y sus acompañantes el 3 de agosto y en lo ocurrido entre el 12 de octubre y el 5 de diciembre del año referido, como lo encuentran todos los pueblos de América si se sabe que la isla bautizada La Española fue convertida en el centro administrativo de la vasta operación militar, económica y política que seguiría a los descubrimientos y la conquista.

Es, sin embargo, una manera de ver las cosas. Otra manera de verlas es plantearse la criollización del europeo, la importación de africanos, el mestizaje y el alejamiento de blancos, negros, mestizos y criollos de España y África y las difíciles barreras nacionales y raciales tendidas entre las personas como base del surgimiento de una débil nacionalidad por la carencia de una base económica firme y una población numéricamente insignificante.

Con esta realidad en el fondo de la caverna a donde iban a proyectarse las sombras de los actores coloniales, la parte de España en Santo Domingo fue arrojada, con tierra y gente, en manos de otros sin que a los habitantes se les ocurriera oponerse, así que hasta aquel momento, julio de 1795, la nacionalidad era nula, como lo era para 1801, cuando Toussaint puso en ejecución lo acordado en Basilea.

La dominicanidad nace, entonces, como un sentimiento y así fue avanzando de una nacionalidad a otra: española, francesa, española, dominico-colombiana, haitiana, dominicana, española, dominicana y por poco estadounidense.

Después de la caída de la dictadura de Trujillo, con la exposición masiva de los intelectuales dominicanos a las corrientes críticas del pensamiento social, se ha instalado junto a la cuerda europea del relato histórico, la negra o africana.

Pero a esta le ha faltado savia, porque la gran masa dominicana no es blanca ni negra, es mestiza, y si a un mestizo le resulta pasable la fuente europea de su origen, la africana no lo seduce, porque tiene allí, al lado, la historia de Haití, que ha vivido más de 200 años apegado a la fuente negra de su naturaleza y este apego lo ha llevado a un recodo del gran río de la vida americana, donde se consume en su naturaleza.

Es una forma sutil de la frontera entre los dos pueblos. Haití es, en este punto, auténtico, pero sus líderes han sido, desde la proclamación de la independencia y la abolición de la esclavitud, duros consigo mismos y con los dominicanos, que trataban de ir adelante según su naturaleza. A partir de la separación Santo Domingo ha avanzado, Haití no, ¿por qué? Acaso en la educación de las masas se encuentre la explicación.



Miguel Febles

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