Santo Domingo, la frontera... y Haití... 8 - El Día Columnas

Santo Domingo, la frontera… y Haití… 8

Santo Domingo, la frontera… y Haití… 8

Miguel Febles

Caseros de sectores empobrecidos de la Capital prefieren alquilar pequeñas casas o habitaciones a los haitianos, ¿por qué? Suelen honrar el acuerdo sin demoras, no es común que la ocupen para irse sin pagar y se mudan pronto.

¿Y qué hacen los haitianos en los barrios de la Capital? Viven, como muchos dominicanos, el día a día, y esto puede incluir la denominada industria de la construcción, la intersección de dos calles de mucho tráfico de vehículos a donde van a vender al pregón, el motoconcho, el concho, bandas de ladrones y traficantes, empujar un triciclo cargado de viandas o frutas, limpiar patios… y mendigar.

En este plano no hay frontera, o es difusa. Lo mismo que se ha escrito de haitianos se puede escribir de dominicanos.

Pero creer que esto es lo único que hacen una vez traspasada la línea que separa a los dos países puede llevar a la formación de una idea incompleta de Haití y los haitianos.

Si se examina la matrícula de las universidades dominicanas se puede encontrar que allá también hay una clase social que prefiere formar a sus hijos en el extranjero. También hacen negocios importantes, tienen inversiones, vienen a pasear y tienen bienes en lugares caros.

Según una leyenda de activistas, las élites haitianas abrigan un plan que afecta al pueblo y al Estado dominicanos. Consiste en propiciar la emigración de los pobres hacia Santo Domingo, que sería una válvula para sacar presión social y política.

Si la tal estrategia no existe, en Santo Domingo existen, en cambio, las condiciones para que se haga efectiva.

En los últimos 50 años ha habido una notable movilidad social que impulsa a los pobres hacia arriba, a ser cada vez menos pobres en el plano material, y este ascenso deja un vacío cubierto por haitianos pobres y muy pobres que llegan y se establecen, no en los bateyes, como en los días brillantes de la industria azucarera, sino en los pueblos.

La leyenda de la conspiración no hay que satanizarla. Los sustentadores, así sean una minoría, son una expresión del pensamiento dominicano que, en cuanto la nacionalidad y la independencia, siempre ha sido idealista y pequeña.

Las minorías y su forma de pensar pueden y deben ser examinados, no importa el espectro político en el que se muevan.

Independiente de que los haitianos estén siendo empujados, o que la pobreza los obligue a moverse hacia un lugar donde las condiciones son mejores, el país al que llegan también tiene un Estado administrado con deficiencia, una sociedad estratificada que agoniza por mantenerse en el nivel de los pueblos de cultura occidental, y un vacío creado por el ascenso y la actitud. Porque muchos dominicanos pobres de solemnidad no hacen algunas tareas porque es trabajo para haitianos.



Miguel Febles

Miguel Febles

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