Salvaguardar la familia

Salvaguardar la familia

Salvaguardar la familia

Altagracia Suriel

Cuando ocurre un naufragio hay que rescatar lo más importante. Cuando todo se hunde o todo acaba, siempre pensamos en lo que realmente cuenta.

Salvaguardar la familia se vuelve urgente en un mundo en el que se ha instalado la cultura de la muerte y el miedo y donde las amenazas que se ciernen sobre la especie humana ya no son hipótesis sino evidencias.

Devolver la esperanza es nuestra tarea frente a los temores de la vida en una realidad golpeada por la incertidumbre y la ausencia de certezas inmediatas.

Recuperar la esencia humana y el sentido de la vida en este mundo está en la familia. Pero la tarea no es fácil. Es luchar contra corriente. La lucha es con un adversario titánico: un nuevo paradigma que apuesta por la desintegración de la familia y su decadencia.

Desde la Comunión Divina, como propone el Papa Francisco podamos preservar la conyugalidad, la maternidad, la paternidad, la filialidad y la fraternidad como vía por la que se transmite el lenguaje del amor, que da sentido a la vida y calidad humana a toda relación.

Hay que salvaguardar a la familia porque ella, como instrumento del amor de Dios, será quien obre la hazaña de salvar al mundo de los males que padece. Nos lo vuelve a recordar el Santo Padre en sus reflexiones que: “los lazos familiares han sido y siguen siendo duramente probados, pero al mismo tiempo siguen siendo el punto de referencia más firme, el apoyo más fuerte, el guardián insustituible para la estabilidad de toda la comunidad humana y social”.

El compromiso es radical pero ineludible: transformar el corazón, cambiar el foco, mirar al otro y que la luz brille para todos.

A crear utopía y a construir sueños se aprende en la familia donde la fe hace milagros y mueve montañas con el amor y el perdón.

La familia hoy es el pueblo que Dios quiere rescatar usando como sus instrumentos a los que apuestan por la preservación de su misión insustituible. La misma palabra de Moisés a los israelitas en Éxodo 14:13-14 debe animar al pastor y al rebaño: “No tengan miedo”. El rescate del Señor es seguro. Sus promesas nunca fallan.

 



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Altagracia Suriel

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